En un artículo publicado el año pasado, analizamos algunas diferencias de género en el entorno laboral. A manera de continuación, quisiera centrarme en los estilos de comunicación de ambos sexos.
Según estudios de la antropóloga Helen Fisher, las mujeres tienen mayor facilidad para interpretar las emociones de los demás a través del tono de voz, postura, gestos y otros impulsos no verbales. Ellas prestan más atención al lenguaje corporal, mientras que los hombres tienden a concentrarse más en las palabras.
Por su parte, la lingüista Deborah Tanen considera que las mujeres utilizan con mayor frecuencia formas de hablar confusas y vacilantes que pueden hacerlas parecer inseguras, pero que por el contrario forman parte de un rito coloquial que utilizan para suavizar el impacto de sus palabras en la persona que escucha. Los hombres en cambio, son más enérgicos y directos.
Ellas consideran las preguntas como un medio válido para mantener una conversación, en tanto ellos tienden a considerar ese abordaje como indagación o interrogatorio policial.
Las mujeres tienden a conectar "puentes" entre lo que su interlocutor dice y lo que ellas quieren decir. Los hombres, por lo general, no siguen esta regla y en ocasiones parecen desatender el comentario de su interlocutor.
Los estilos conversacionales de las mujeres tienden a ser cooperativos, los de los hombres son más competitivos. Mientras que a ellos les resulta difícil compartir la información, ellas tienen menos reservas.
Para poder entendernos mejor y hacer más flexibles nuestros estilos de comunicación, sugerimos algunas pautas:
1. Toma conciencia de tu propio estilo de comunicación. Escúchate, evalúa tu vocabulario, dicción, tono de voz, lenguaje corporal... Compara tu estilo con los de las personas que consideras buenos comunicadores.
2. Identifica el estilo de comunicación del sexo opuesto. Escucha cuidadosamente al sexo opuesto a tu alrededor (amigos, pareja, hijos...). Analiza qué cambios puedes incorporar que te permitan comunicarte de forma eficaz.
3. Ajústate a otros estilos si lo consideras oportuno. Si acostumbras hablar de forma vaga e imprecisa, puedes tratar de dar más detalles o información más específica en tus conversaciones.
4. Altera tu estilo conversacional para adaptarte a un contexto determinado. Es importante disponer de los recursos necesarios para adaptar el lenguaje verbal y no verbal a cada situación y a cada interlocutor/a.
5. No des por hecho que el sexo opuesto entiende tu mensaje. Uno de los principales errores en la comunicación es suponer que nuestro interlocutor ha establecido las mismas asociaciones y conexiones que nosotros. Por eso, pidamos retroalimentación para asegurarnos que hemos sido entendidos.
¿Qué otros consejos podrían dar? ¿Qué experiencias pueden compartir?
Por: Laura de Acha
Fuente: Personas con Recursos




