El desarrollo de la empresa no se produce en el vacío. Requiere de un entorno favorable para que puedan combinarse la inversión, la innovación, el desarrollo humano y la satisfacción de las necesidades de los consumidores. Es decir, se requiere la intervención de múltiples actores, para que las unidades productoras de bienes y de servicios puedan cumplir con las funciones esenciales que les corresponden.
Es interesante y, por cierto, muy importante el cambio que se ha producido, como resultado de la evolución de la economía internacional y la aceptación de la vigencia de los principios del mercado para la asignación de los recursos.
En el pasado, las alianzas mercantilistas entre el Estado y los productores nacionales, utilizando los mecanismos de protección, constituían un diálogo entre dos actores. Los consumidores, usualmente, cumplían un papel secundario y quedaban subordinados a las definiciones en materia de protección arancelaria y de otro tipo en favor de las producciones de origen nacional.
En el nuevo escenario las empresas deben tener en consideración los intereses de sus clientes y de la comunidad a la cual pretenden servir. La balanza del poder en la estructura de las relaciones se ha inclinado en favor de los consumidores, los cuales, en esta etapa de la historia, tienen un papel más significativo en el proceso económico.
Por esa razón, y por el desarrollo de nuevos conceptos éticos y de responsabilidad social, las empresas han asumido actitudes favorables al cambio.
Visión diversa
Es común, en la actualidad, que las principales empresas procuren actuar de manera positiva en las zonas en las cuales llevan a cabo sus actividades. Se logran, con esa nueva visión, diversos objetivos. Por una parte, la creación de valor en lo que respecta a la imagen de la empresa y de la percepción de los usuarios. Ambos factores, positivos y necesarios en términos de reputación, mejoran la valorización de la empresa y permiten que esta pueda lograr, en términos más eficientes, el cumplimiento de sus objetivos sociales.
Al mismo tiempo, el incremento de los valores éticos da lugar a que todo el entorno, que incluye a los clientes y proveedores, entre otros, asuman un papel más comprometido. De tal forma se crean cadenas de valor, no solo por la articulación de las producciones sino, además, por la existencia de valores compartidos.
Es importante señalar que, en la nueva visión empresarial, los conceptos antropológicos y sociológicos adquieren relevancia. No sorprende, por tanto, que en grandes corporaciones que explotan recursos naturales, los consejeros principales pertenezcan al campo de las ciencias sociales. Tampoco puede omitirse valorar, en su correcta dimensión, el aporte de las empresas que operan en sociedades caracterizadas por la diversidad cultural al utilizar idiomas autóctonos para ofrecer los bienes que producen o los servicios que brindan.
El mundo se desarrolla con estrategias empresariales globales, pero adecuadas a las realidades locales y respetando al otro en sus valores, actitudes y comportamientos.
Empresa y sociedad
Uno de los temas más complejos en el diseño de las políticas corporativas consiste en identificar los mecanismos más idóneos para vincular a las empresas con la denominada sociedad civil. Esta última, para múltiples sectores de opinión, es una suerte de entelequia. Sin embargo, las organizaciones que agrupan a los habitantes y ciudadanos de un país constituyen instrumentos de representación, con los cuales las empresas deben establecer una relación armónica, para permitir que sus operaciones puedan desarrollarse con normalidad.
Los conceptos nuevos sobre la sostenibilidad del proceso empresarial y económico pasan, necesariamente, por el consenso y requieren, por ende, de la adecuada comprensión de lo que significa el factor humano.
No resulta suficiente, en consecuencia, avanzar en el plano legislativo sin contar con políticas adecuadas de cohesión, en virtud de las cuales resulte posible conseguir la licencia social. Puede hablarse, por tanto, de responsabilidades compartidas entre las empresas y los representantes de los ciudadanos, para obtener beneficios mutuos como consecuencia del proceso económico.
Por: Ignacio Basombrio (*)
(*): Profesor del Instituto de Gobernabilidad - USMP.
Fuente: Gestión - 15/02/2010




