Siempre, querámoslo o no, estamos comunicando. Pocas veces nos detenemos a pensar cuán importante es que seamos conscientes de lo que comunicamos más allá de las palabras que decimos. Es cierto que es importante lo qué decimos, las palabras que usamos, pero resulta más importante el cómo lo decimos, la voz principalmente. Este cómo lo decimos comprende también nuestra imagen corporal: postura, movimientos, gestos, ademanes, vestimenta y artefactos (cadenas, reloj, aretes, etcétera).
En cada encuentro, ya sea cara a cara o ante muchos, siempre estamos comunicando una imagen. Imagen que quien nos ve se la forma en unos pocos segundos. Esta imagen es la llamada "primera impresión". Esta primera impresión, es bueno recordarlo, muy pocas veces tiene una segunda oportunidad para recomponerse. Si no nos hemos preocupado a tiempo por lo que puedan pensar o imaginarse de nosotros aquellos con quienes interactuamos, corremos el riesgo de transmitir una imagen que no siempre es la que hubiésemos querido transmitir.
Sea cual fuera la actividad en la que nos desenvolvamos, lo que comuniquemos con nuestra imagen debiera ser motivo de preocupación y de atención de parte nuestra. Así, por ejemplo, si lo que queremos es mostrarnos entusiastas, ganosos, Seguros, dinámicos, entonces nuestro lenguaje corporal debe hacer que se vea ese entusiasmo y demás. Lo que expresemos con nuestra imagen debe estar alineado con las palabras que decimos. Por ejemplo: una postura desgarbada, hombros caídos, mirada evasiva, rostro inexpresivo, no resulta la más apropiada para hacer conocer a los demás que estamos muy interesados en algo o firmemente convencidos de algún asunto. Tampoco ayuda al propósito mencionado una voz inaudible, o un hablar tan rápido que no permite entender lo que decimos.
Comunicamos con la voz y con el cuerpo, somos un instrumento de comunicación que debe ser usado plenamente. LA PRIMERA impresión que damos a los demás tiene que ver entonces tanto con nuestro lenguaje corporal como también con nuestro manejo vocal: volumen, velocidad, pronunciación y manejo de tonos nos ayudarán a transmitir con efectividad lo que queremos.
Proyectar una buena imagen de lo que somos, reitero, es más importante de lo que parece. Lo que decimos con el lenguaje de nuestro cuerpo y con nuestra forma de hablar, tiene mucho que ver con nuestras emociones. Las emociones se sienten internamente y se ven reflejadas en nuestro rostro y cuerpo.
Si queremos empezar a trabajar nuestra imagen debemos empezar por ser conscientes de nuestras emociones, conocerlas, saber de cuántas formas se dibujan en nuestro rostro, en nuestra postura y en nuestra voz. Así conociendo su funcionamiento podemos aprender a manejarlas de manera que su manifestación física sirva a nuestros propósitos, a lo que queremos que los demás vean, a la imagen de nosotros que queremos proyectar.
Por: Jaime Lértora
Fuente: La Primera - 21/02/2010




