La filosofía de las empresas que consideran la presencia en múltiples mercados debe experimentar cambios y adaptaciones continuas para acompañar tendencias dinámicas de cambio y situaciones que no pueden ser suficientemente controladas.
En efecto, la política corporativa originada sobre la base de la aplicación de esquemas mercantilistas y proteccionistas no debe ser trasplantada a escenarios en los cuales se concurre a un mercado determinado, en competencia con proveedores de buena parte de los países del mundo.
No basta, en consecuencia, cumplir con las condiciones que tradicionalmente se consideraban necesarias para los países y las empresas que concurrían al mercado mundial, tales como la oferta oportuna y adecuada, con productos de calidad a precios competitivos.
En la actual etapa, en que son múltiples los actores que se incorporan en el mercado, en la cual se han sofisticado las tendencias del consumo, tales requisitos son importantes pero no resultan suficientes para efectos de garantizar el desarrollo de políticas adecuadas, que garanticen un proceso sustentado y creciente de operaciones en el exterior.
Áreas prioritarias
Las empresas deben concentrar mayores esfuerzos en procesos de investigación y desarrollo de mercados y en temas tales como el diseño de productos adecuados a las tendencias de la moda, tratándose de textiles o confecciones, por ejemplo, o a los hábitos alimenticios, cada vez más vinculados con la protección de la salud y de la vida sana, que se reconocen en los mercados principales de demanda.
Las nuevas situaciones crean, sin duda, oportunidades muy valiosas para aquellos empresarios que estén en capacidad de innovar y adecuarse a mercados más inestables. Las posiciones conservadoras, como lo demuestra la experiencia de numerosas marcas tradicionales y empresas importantes, no acompaña necesariamente al desarrollo de los negocios. Por el contrario, conductas de tal naturaleza pueden convertirse en factores de restricción no solo para la expansión empresarial sino para la propia supervivencia de los negocios. El escenario actual determina, además, que se revisen algunos aspectos que, en términos tradicionales, fueron considerados como determinantes para tener ventajas competitivas.
Por ejemplo las concesiones arancelarias fueron un reclamo de las naciones en desarrollo para tener condiciones preferenciales de acceso a los mercados de los países industrializados. Ello en razón de la existencia de niveles de protección muy elevados en la mayor parte de las economías del mundo. Así una reducción importante o, mejor todavía, la supresión de los aranceles de importación creaba un margen interesante para lograr ingresar en un determinado nicho de mercado de los países industrializados.
Igualmente las rebajas arancelarias específicas fueron uno de los factores que impulsó el intercambio comercial dentro de los procesos integradores entre las naciones en desarrollo.
El mercado mundial
Con los cambios introducidos en las políticas económicas nacionales y los compromisos asumidos en los marcos bilateral y global, los aranceles de importación y, por ende, las políticas de protección para el abastecimiento del mercado interno, han perdido gradualmente importancia y significación.
No constituyen, por tanto, los mecanismos que hacen posible desarrollar mercados en el exterior. Se presentan, por el contrario, otros medios más vinculados con la producción manufacturera, el diseño, la propiedad intelectual y los mecanismos de comercialización, gracias a los cuales es factible ocupar espacios en el mercado mundial.
Si bien es cierto el concepto de la fábrica global no ha sido plenamente instrumentado, es evidente que la producción tiende a mundializarse. De tal manera las manufacturas se realizan, como proceso industrial, en diferentes partes del mundo, pero utilizando criterios, protocolos y procedimientos estandarizados, que permiten tener productos compatibles, de calidad similar, que pueden comercializarse en un creciente número de países.
El proceso de globalización se explica por el desarrollo de las marcas globales y por el efecto que tienen en el consumo la información y la comunicación. La aldea global, hace posible avanzar de manera gradual hacia un mercado plenamente integrado, en el cual, en el imaginario de los consumidores, marcas y productos, antes que países de procedencia de la manufactura, tienen una especial relevancia.
Por: Ignacio Basombrío (*)
(*) Profesor del Instituto de gobernabilidad - USMP.
Fuente: Gestión - 23/02/2010




