A lo largo de mi vida profesional he tenido que desarrollar o estar en muchas presentaciones, desde las que se hacían con cartones hasta las actuales en Power Point. Hablamos de un proceso demandante y a la vez gratificante. Las exigencias y revisiones internas suelen ser más difíciles que la propia presentación final. Además, siempre está el estrés de encontrar una mejor idea y la fecha de cierre encima de todos. Por eso, quisiera compartir algunos consejos que me enseñó la experiencia.
Sea concreto. Está hablando con gente de negocios, que tienen otras responsabilidades aparte de ver su presentación.
No lea el texto de sus láminas. Obviamente el cliente lo está leyendo. Al expositor le toca comentar y enriquecer el concepto.
Incluya algo original. Sorpréndalo. Somos creativos, no estamos haciendo una exposición financiera. Haga o presente algo que no esperan.
Se busca una relación de negocios, pero también es importante el vínculo humano. Un colega me decía: “El cliente nos debe percibir como un grupo con el que le gustaría tomarse una cerveza fuera de la oficina”.
Quiebre el hielo. Prepare una frase o una situación que, al inicio, distienda el ambiente. Las exposiciones suelen empezar algo tensas.
Prepare alternativas. En comunicación siempre hay más de una manera correcta de decir algo. No siempre es bueno jugarse todo a una sola carta, tenga más de una… Pero que sean buenas cartas.
Por último, la regla de oro: ensaye y vuelva a ensayar. Se va a sorprender de la variedad de puntos que hay que pulir y de lo enriquecida que terminará saliendo su presentación final.
Por: Hernán Campos
Fuente: El Comercio




