GamarraSite.com | Elegancia, Moda y Encanto

Home Entrevistas Olga Heysen: “Hay que ser osado en esta vida”

Olga Heysen: “Hay que ser osado en esta vida”

E-mail Imprimir PDF
Usar puntuación: / 2
MaloBueno 

Poner un negocio, que vaya bien y que –de pronto- se vaya al diablo debido a la competencia desleal. Ella –a diferencia de su marido- sabía que saldrían adelante (y con chocotejas, ¡lo logró!)

Olga Heysen habla de cuando no tenían para comer y se mata de risa, es que eso es el pasado. En Gamarra, con su esposo vendían telas gringas. Tenían una tienda. Los productos chinos entraron al mercado con precios imposibles. Tuvieron que cerrar, pero para entonces esta tumbesina ya había comenzado a preparar una delicia iqueña. Dulciana, así se llama la empresa que le devolvió la sonrisa.

Su familia le debe todo a las chocotejas.
Exactamente. Les debemos todo, les tenemos mucho cariño.

¿Cómo eran sus días antes de que ellas llegaran a su vida?
¡Estábamos mal!

¿Qué es estar mal?
¿Qué es estar mal? ¡Que a veces no tengas ni para comer! (ríe)… A todo el mundo alguna vez le ha pasado, ¿no? Por eso, cuando hay oportunidades que se presentan, ¡no hay que desperdiciarlas! Y en ese momento, nuestra oportunidad fue esta (las chocotejas).

Hace ocho años ustedes tenían una tienda de telas en Gamarra. Todo iba bien hasta que llegaron los productos chinos.
Llegó la crisis… ¡y uno no puede quedarse con los brazos cruzados!

Usted y su esposo trabajaban juntos. ¿Cómo fue enfrentar el día a día viendo que el negocio iba cada vez peor y que no podían competir contra precios tres veces menores que los suyo?
Comenzamos a invertir en otro tipo de telas, a sacar polos, ropa, otra cosa, ¡a darle valor agregado a la tela! Fue entonces que mi mamá (que entonces vivía en EE.UU.) me dijo: “¿Por qué no me envías un producto típico para venderlo acá? Yo se lo podría vender a mis amistades”. Ella lo hizo por ayudarnos.

Ustedes aún tenían la tienda.
Pero ya estábamos mal. Ya estábamos de salida.

¿Qué sintieron cuando finalmente tuvieron que cerrar?
El que está metido en negocios sabe lo que son los altibajos. Yo, al menos, no sentí miedo. ¡Yo sabía que podíamos hacer otra cosa! Si te fue mal en un negocio, tú puedes hacer otro. Hay opciones.

Acababa de tener a su segundo hijo.
Claro, y después vino el otro. Los hijos siempre te dan fuerza.

Abraham, su esposo, buscó empleo y empezó a trabajar en el Citibank.
Exactamente, pero ya se había dado esta oportunidad de las chocotejas. Yo había ido a Ica para ver una cosa de telas, y me di cuenta de que había bastante demanda, que los turistas las compraban; y me di cuenta de que yo podía hacerlas y enviarlas, porque ¿para qué comprarlas? ¡Podía hacerlas yo! Aunque yo no sabía hacerlas.

Ese es el punto: usted…
¡Nunca antes las había preparado! (ríe)… Nunca en mi vida, y yo soy del norte, para mí era algo nuevo.

¿Por qué se mandó? Lo más sencillo hubiera sido comprarlas y mandarlas al extranjero.
Claro, pero el costo iba a ser totalmente distinto.

Pero no solo no sabía hacerlas, ¡no tenían plata! Tuvo que prestarse cien soles para comprar los insumos.
Ajá, pero yo ya lo había decidido… Era lo mejor. Así que me compré mi recetario, me fui al centro (de Ica) y comencé a investigar, a preguntarle a las tías de mi esposo –que son de Pisco-; me fueron dando detalles, ¡y me salieron bien! Y cuando las enviamos (a EE.UU.), quedaron encantados.

¿Cuántas envió?
Una cien unidades.

¿En cuánto tiempo se vendieron?
En una semana, ¡y pagaban en dólares! (ríe)… Y poco a poco, sin querer queriendo, ¡nos fuimos metiendo en este negocio! Porque, caramba, si va bien ¡hay que seguir! Y en paralelo, lo otro se iba quedando y quedando, hasta que chau: rematamos lo que quedaba del otro negocio y nos metimos de lleno en esto.

Fue un cambio…
Brusco, radical. ¡Sí!

Además, no se trataba del rubro al que ustedes creían que se iban a dedicar, pues su esposo ya estaba trabajando en un banco. ¡Esa era su alternativa! Y, las chocotejas…
Eran un adicional. Sí, pero yo nunca las vi como un adicional. ¡Jamás!

¿Por qué?
Porque yo soy de las que creen que puedes lograr mucho hasta con 50 soles, pero si le pones ganas. Yo soy de las que piensan que no hay pretextos. Hay gente que dice: “No hay trabajo”. ¡Siempre hay algo que hacer! Lo que pasa es que hay mucha gente acomplejada.

¿A qué se refiere?
A que ni yo ni mi esposo tuvimos ningún complejo y salimos a vender ¡a la calle! De algo teníamos que partir. Él las vendía y yo las producía. Mucha gente podría hacer lo mismo, pero no quiere porque: “¡Cómo yo voy a repartir! ¿Sin carro? ¡Me van a ver!”. ¡Cosas así! (ríe)… “¡Cómo! ¿Después de haber tenido una tienda en Gamarra? ¿Después de haber tenido un taller con tantas máquinas? ¿Y ahora? ¡Vendiendo en la calle!” (se mata de risa)…

Claro, usted podría haberse dedicado a ufanarse de que su esposo estaba trabajando en un banco extranjero.
¡Claro! Pero nosotros nunca hemos tenido reparos.

En su caso, pesó el ejemplo de sus padres, que toda la vida han sido comerciantes.
Exactamente. Toda su vida. Yo he vivido eso, y desde niños nos inculcaron eso: “Cuando crezcan, ustedes van a estudiar una carrera, pero ustedes van a hacer empresa con esa carrera, ¡ustedes no van a trabajar para otros!”.

Usted lo ha dicho: pasaron por momentos de verdadera angustia económica. Bien pudieron haber pedido ayuda a su padre, pudieron haberle pedido trabajo.
Hubiera sido lo más fácil, pero… ¡Pero si podíamos hacerlo solos! A veces solo falta ponerle ganas. Eso es bastante, porque el dinero –si no lo tienes en ese momento- te lo pueden prestar. A nosotros nos prestaron cien soles.

Y hoy en día, sus chocotejas llegan no solo a EE.UU., tiene pedidos de Croacia. ¿Cómo lo explica?
Las ganas de salir adelante, la fuerza y la osadía. Hay que ser osado en esta vida.

También hay que tener conocimientos, ¿no?
Los conocimientos los vas adquiriendo con la experiencia… Mi esposo, su familia, tienen otra mentalidad: ellos son de trabajar en una empresa, en una oficina, tal como lo venía haciendo él; pero cuando vio que esto comenzó a caminar, me empezó a apoyar, a ponerle ganas, y ahorita él se encarga de la parte financiera.

Usted le ha cambiado…
¡El chip! (ríe)… Y ahora dice que así le paguen el doble, él no se iría a trabajar a una empresa.

Su gran salto fue haber logrado entrar al aeropuerto.
Sí.

¿Cómo lo consiguió?
Tocando puertas. Yo no esperé a que alguien me presente a… Un día, yo me fui con mis muestras. ¡De frente me fui a tocar puertas! Recuerdo que me dijeron: “Tienes que sacar cita”. Pero como yo soy ‘acelerada’, le dije: “¿Sabes qué? Te dejo una muestra y espero afuera, a ver si me pueden atender”. ¡En cinco minutos me llamaron! Es que les gustó la presentación, el producto, y justo en ese momento ellos estaban buscando una alternativa. Así comenzamos a trabajar con ellos (una empresa que tiene una tienda en el Jorge Chávez), y esa se convirtió en nuestra ventana hacia el exterior. Y gracias a eso es que ahora tenemos muchas propuestas del extranjero. Nos están preguntando si ya somos franquicia.

Ustedes pasaron por un período de vacas flacas. ¿Qué les ha enseñado?
Que nada es imposible: que tú puedes estar mal económicamente, pero tú tienes que ponerle fuerza para salir adelante.

¿Cómo entender a la CGTP y a tanto gremio que arma marchas porque no hay trabajo en el país?
No sé. No hay razón. Siempre hay algo que se puede hacer… Lo que pasa es que, o no ponen las ganas o no buscan alternativas ¡o están esperando que les llegue el trabajo que ellos quieren!

Es cierto, y al entrar a una empresa, muchos se vuelven conformistas.
Exactamente: tienes un sueldo fijo ¡y ahí terminó la cosa! Pero a mí me enseñaron desde niña que tú puedes hacer tu empresa ¡y crecer de a pocos! No necesitas de mucha inversión. Necesitas ganas, tener sueños ¡y creer en lo que haces! Y proyectarte, eso también es importante. ¡La idea es crecer!

Su hija mayor ha vivido toda esta transformación, ella ha mamado el proceso por el que ustedes han pasado.
Ella ya está preparada para las vacas flacas y las vacas gordas, igual que yo. ¡Toda mi vida ha sido así! Yo puedo comer caviar o huevo frito.

FICHA
Nombre: Olga Heysen Yamunaqué.
Colegio: Santa María de la Frontera, en su natal Tumbes.
Estudios: Administradora de empresas de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega.
Edad: 38 años.
Cargo: Gerenta general de Corporación Dulciana EIRL.

Corporación Dulciana
Fabrica y comercializa chocotejas desde el 2003. Olga y su esposo empezaron con cien soles prestados. Ella las preparaba, él las vendía.

Crecimiento
Hoy producen 8.000 unidades diarias, han ampliado su oferta y tienen pedidos hasta de Croacia. Al año facturan unos dos millones de soles.

Fuente: El Comercio - 18/08/2009

Olga Heysen: “Hay que ser osado en esta vida”
 

Reciba nuestras novedades
Ingrese su e-mail:

Dona por PayPal

Si te gusta el sitio colabora donando y de esta manera nos ayudas a mantener activo este espacio.

Deje su mensaje o requerimiento:


Chica GamarraSite

Chica GamarraSite
Brenda Retamozo
Es responsable, extrovertida y amable. Tiene amplia experiencia en desfiles y fotos...

Noctámbulos: Eventos, conciertos, fiestas, moda

Encuesta

En Perú ¿se compra o se vende por Internet?
 

Usuarios Online

Tenemos 75 invitados conectado(s)

Enlaces

Últimas publicaciones