Por: Gonzalo Pajares Cruzado
Rocío 'Chío’ Lecca vuelve al mundo del diseño. Uno de sus objetivos es ayudar a las comunidades andinas y selváticas a salir de la pobreza usando sus materiales y su creatividad. Para empezar con su sueño, este 5 de febrero presentará, en Punta del Este, una colección con estos elementos.
"Cuando acabé mi carrera de diseño en Italia, empecé a trabajar para Benetton: ponía los colores de las chompas folclóricas. Yo les decía: 'Quiero hacer diseño’. 'No, lo mejor que tienes son tus raíces latinoamericanas. Y eso es lo que más vende, así que sigue usando los motivos latinoamericanos en las chompas’", me respondían. Rocío 'Chío’ Lecca nos habla de sus primeros años en el mundo del diseño. Después de 18 años dedicados a su instituto, regresa al diseño con creaciones que se presentarán del 5 al 7 de febrero en el Fashion Week de Punta del Este, en Uruguay.
¿Por qué regresó?
Debido a que padezco una enfermedad que se manifiesta en situaciones de estrés. Hoy está controlada porque no acepto trabajos que me estresen y porque llevo una vida sana y natural.
¿Cómo empezó su carrera aquí?
Puse un aviso chiquitito en el periódico: “Se ofrecen servicios de diseño de modas”. Los empresarios empezaron a llamarme y a decirme: “Qué es eso”. Yo les explicaba en qué consistía una colección de moda, el trabajo que implicaba, etcétera. Ellos me decían: “¿Hay una carrera de diseño? ¡Pero si nosotros sacamos nuestros diseños de las revistas!”. Comencé a educarlos. Además, hacía mi colección y vendía mis diseños.
¿Cómo venderle moda a una ciudad acostumbrada al gris?
Bueno, le diré que, por esa época –eran los 80–, en Europa estaban de moda el negro y el gris. Ahora cada uno impone su estilo. Antes, diez grandes diseñadores imponían la moda y decían: “Este año se imponen el negro y el gris”. Lo curioso es que yo usé en mi colección estos colores y no podía venderla. Me dije: “Hay algo que falla”. La gente quería colores fuertes porque no quería llamar la atención. Empecé a escucharla. Eso sí, impuse los cortes: el trapecio, el tridimensional, etcétera.
¿Cuándo decidió fundar su instituto?
Bueno, había peruanas que querían ir a la Marangoni. Se enteraron de que yo había estudiado allí y me buscaron para darles clases particulares. Comencé con tres chicas. Al año tenía setenta… muchas como alumnas permanentes porque no todas podían ir a Italia a estudiar. En el 92 fundé el instituto. Pasó una cosa interesante: como mucha gente fue despedida, buscaba un trabajo independiente y lo encontró estudiando diseño de modas. De pronto, pasé de 300 a 750 alumnas.
¿Allí fue que dejó el diseño y se dedicó de lleno a su instituto?
No, aún diseñaba, pero no se vendía mucho. Entonces, abrí otra línea de negocio: los uniformes para las empresas. Me iba muy bien. Un día vi un cheque de 250 mil dólares y me enfermé: tenía que producir una enormidad de piezas en menos de 45 días. En los uniformes, yo impuse las minifaldas, los escotes profundos, la sensualidad en el vestir...
Ha vuelto al diseño y ha afianzado el uso de los elementos peruanos…
He podido delegarle la responsabilidad del instituto a mi hijo Giancarlo. Él me dijo: “Si yo fuera alumno de la escuela, estaría más orgulloso si la directora fuese una diseñadora en pleno ejercicio”. Entonces, tomé el reto, empecé a crear y le regalé la colección. Además, a partir de la influencia de mi actual pareja, empecé a viajar mucho por el Perú. Él me decía: “En lugar de ir a Nueva York, vamos al Titicaca”. Así, hace dos años viajo una vez al mes a una ciudad diferente del Perú, me contacto con su gente, con los artesanos del lugar: allí se manifiesta mi esencia peruana.
Y vincula a estos artesanos con el trabajo que realiza…
Exacto. He trabajado con la comunidad de Lares, con los shipibos de Iquitos. Sus semillas y sus esencias van en nuestros diseños. Por ejemplo, este accesorio –y señala su collar multicolor– es de naranja; este otro, de coco; esto es madera. Soy totalmente comible (risas).
Dígame, ¿cómo ve el nivel del diseño peruano?
Bien. El diseño lo hace la persona. El diseñador propone pero, si no encuentra a la persona para vestir, el diseño no existe. Para vestirse bien hay que tener autoestima, y yo creo que al peruano le falta personalidad para vestirse, para atreverse a vestirse con lo que le gusta. Lo paradójico es que tenemos buen gusto.
¿Le gusta lo freak?
Sí, porque todo depende de la personalidad. Con actitud y personalidad, todo nos puede quedar bien. Y, claro, también es importante el garbo.
Fuente: Perú21 - 27/01/2010




