Aunque siempre ha habido adelantados a su tiempo, no hace tanto que la definición tradicional del rol de padre como proveedor, y de la madre como cuidadora, comenzó a cambiar.
En los años 70, cobró fuerza un movimiento social a favor de que los hombres fueran padres más activos en el cuidado de sus hijos y asumieran roles diferentes de los exclusivamente económicos y disciplinarios que usualmente habían desempeñado.
Es justo decir que las mujeres marcaron la pauta en este giro de los acontecimientos, reevaluando el concepto de maternidad, asumiendo un rol económicamente activo dentro de la familia y reconociendo el protagonismo de ambos roles, el paterno y el materno, en la crianza de los hijos.
Pero también es justo reconocer que muchos padres aceptaron el reto y algunos hasta cambiaron su portafolio y herramientas de trabajo por la bolsa de pañales y el biberón cuando sus mujeres consiguieron un mejor empleo y tuvieron la oportunidad de superarse profesionalmente.
En teoría, los padres del nuevo milenio, además de proveer, cuidan, alimentan, educan y crean un fuerte vínculo emocional con sus hijos. Este nuevo concepto de paternidad, conocida como responsable, redime al hombre como un ser emocionalmente inteligente, con igual centralidad que la mujer en el universo afectivo de sus hijos.
Sin embargo, los sociólogos advierten sobre la existencia de un desajuste entre las creencias de los hombres sobre su rol de padre y su conducta paterna actual. Según explican, existe una diferencia entre la llamada cultura de paternidad y la conducta de paternidad. O lo que es igual: no es lo mismo lo que creen y manifiestan que son capaces de hacer que lo que realmente hacen.
Pero no se apuren, mujeres, en recriminarlos por eso, porque parte de la responsabilidad la tendríamos nosotras. Tradicionalmente reinas en el hogar, y voz influyente en la educación de los hijos, muchas féminas no están dispuestas a ceder ese terreno a los hombres, especialmente si ha sido el único en el que se han sentido importantes, valoradas y realizadas.
Por otro lado, la creencia arraigada de que la mujer está hecha, biológica y psicológicamente, para desempeñar el rol de la crianza nos hace ver con prejuicio el intento masculino por compartir esa tarea. Tendemos a desacreditarlos y creerlos incapaces (o mediocremente capaces) de velar por todas las necesidades de sus hijos como podemos hacerlo nosotras.
Algunos hombres, por su parte, temen ser identificados con una imagen de sensibilidad y dedicación al cuidado de los otros que ha correspondido tradicionalmente a la mujer, y aunque creen que su responsabilidad de padres incluye participar de igual en todas las facetas de la crianza de sus hijos aún les cuesta abandonar el papel de machos dominantes y competitivos para dedicarse a cambiar pañales y cantar canciones de cuna.
Así las cosas, el cambio recién empieza a tener lugar y el debate sigue abierto: ¿Cómo crees que deben ser los padres de este milenio?
Por: Aracelis Perez-Mayan
Fuente: Mujeres Orquesta




