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Vivir con poco

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Guardamos por años un pantalón con la esperanza de que vuelva a entrarnos.  Salvamos de la basura a una vieja licuadora por si la multiprocesadora de última generación se llega a romper. Apilamos discos y cassettes para volverlos a escuchar cuando arreglemos el viejo equipo de audio. La lista de cosas inútiles que nos acompañan por años es infinita.

Sí, somos acumuladores seriales, y lo confirmamos justo ahora cuando empiezan a circular teorías sociológicas que aconsejan  andar livianos de objetos inútiles si queremos ser felices.

Teoría que encuentra su asidero en la reacción de muchos  afectados por la crisis financiera de los Estados Unidos que, frente a las urgencias económicas y ante  la necesidad de achicarse, al bajar sus niveles habituales de consumo, se reencontraron con el placer de  “andar más livianos” por la vida.

No obstante, aún son muchos los que guardan por guardar. Dice la psicología moderna que lo hacen para resguardarse de un futuro incierto.  Incluso, que  hay algo en nuestra memoria genética que nos incita a acumular  para los tiempos de escasez,  en pos de la  preservación de la especie.

¿Es solo una cuestión de supervivencia innata? ¿O nos satisface llenarnos de objetos? ¿No será que más que tener, lo que nos gusta es la sensación de felicidad que nos genera  ir detrás del objeto añorado? Deseo que una vez cumplido, no nos satisface y nos lleva a querer otra cosa, y otra, y otra, y así indefinidamente.

Probar desprenderse  de lo que no es necesario, puede dejarnos mucho espacio listo para ser llenado por nuevas experiencias. Aquí algunas pistas para reconocer las cosas que “ya fueron”, y pasar a darles mejor destino:

- Si  es ropa o un accesorio que no usas hace más de dos temporadas.

- Si las guardás sólo por su valor nostálgico (juguetes, revistas, cuadernos del primario).

- Si tenés poco espacio para lo nuevo.

- Si  está roto y no tiene arreglo.

Si el proceso se te hace difícil, nada mejor que un buen amigo al que le puedas encomendar que revise  sin contemplaciones  y “disponga” de tu vestidor o la pila de comprobantes de pagos de tarjetas de crédito, facturas de luz, gas y teléfono, esos papeles que creemos que alguien nos pedirá algún  día y que ya cumplieron diez años en la misma caja tapada por el polvo.

¿De qué cosas te cuesta desprenderte?

Por: Adriana Balaguer

Fuente: Desesperadas

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