A casi todas las mujeres la expresión "cita a ciegas" nos remite a las situaciones que alguna vez nos tocaron vivir cuando una amiga bien intencionada nos dijo: "Tengo un amigo que quisiera presentarte, ¿le digo que te llame?" Algo nos gustó de la propuesta y aceptamos reunirnos con ese muchacho del que no teníamos muchos datos y al que ni siquiera podríamos reconocer cuando llegáramos al café donde habíamos quedado en vernos.
Una cita a ciegas es eso: encontrarse con alguien desconocido que, por ese mismo detalle, produce un grado de estrés y ansiedad notables. Porque para ir al encuentro no basta con preocuparse por el papel que va a hacer o la impresión que va a dar sino que, además, hay que cargar con el suspenso que provoca adivinar con quién o qué se va a encontrar una.
Durante mucho tiempo, la cita a ciegas dependió exclusivamente de la buena voluntad de amigas o parientes interesados en vernos acompañadas. Ahora no. Basta con escribir "cita a ciegas" en Internet para encontrar cientos de sitios donde se arreglan encuentros con alternativas tan bizarras como que te busquen en limusina o que te conecten con alguien de acuerdo con tu signo del zodíaco. Eso sí, a ciegas pero no tanto; porque casi siempre aparece al menos una foto entre los datos. Que ya sabemos que puede ser falsa o de hace veinte años.
Resulta que si hablamos con las amigas, quien más quien menos pasó por alguna experiencia de éstas. Y aunque algunas hasta terminaron bien, la gran mayoría no tuvo grandes resultados o huyó despavorida. Posiblemente porque la realidad nunca iguala las fantasías que una se hace antes de conocer a alguien.
Una novedad a ciegas
Pero, ¿qué sucede cuando no se tienen elementos para evaluar la situación en los términos habituales? Desde hace unos años existen restaurantes que funcionan en la oscuridad absoluta; el primero de ellos abrió en 2004 en París y ya existen varios en diferentes ciudades del mundo como Pekín, Moscú, Barcelona, Berlín, San Francisco y Tel Aviv.
Los primeros fueron abiertos por la Fundación Paul Guinot, creada después de la guerra del 14 por quien le dio el nombre, que se ocupa de ayudar, preparar profesionalmente y mejorar la calidad de vida de los ciegos.
Entre otras actividades sociales comenzaron a organizar cenas para sus socios y en 1999 abrieron un restaurante que funciona en la oscuridad y es atendido en gran parte por no videntes. Tiempo después consideraron abrir la posibilidad para el público general y a partir de entonces Dans le noir (en la oscuridad) es un éxito total.
El restaurante funciona totalmente a oscuras y es atendido por personal no vidente que guía al comensal durante el tiempo que dura la experiencia para explicarle, por ejemplo, la posición de los cubiertos y las copas sobre la mesa. Enfrentar la situación y abordar la comida exige cierta cuota de coraje para vencer la ansiedad que genera el no ver y para lograr entregarse y vivir plenamente la experiencia.
En América Latina
En la Ciudad de Buenos Aires también se puede participar de esta experiencia tan atípica. Oscura, experiencia invisible reúne la actividad gastronómica con un espectáculo de música y baile llamado Ojos cerrados en el cual se guía a la gente a diferentes lugares con sonidos y, claro, siempre a oscuras. El menú es sorpresa pero si el cliente lo desea puede predeterminarlo a la hora de la reserva sólo que esta última alternativa debe disminuir notoriamente la posibilidad de percibir cómo se agudizan en la oscuridad los sentidos complementarios, el olfato, el tacto y el gusto, una vez colocado el antifaz con que lo reciben a uno.
Quienes estuvieron en estos restaurantes relatan que la experiencia sensorial es muy fuerte, que sintieron que participaban de una situación integradora donde tuvieron una ocasión real de experimentar cómo es la vida sin el sentido de la vista en una situación totalmente contraria a lo habitual ya que allí los videntes deben ser guiados por los ciegos que conocen el funcionamiento del local.
¿Lugar de citas?
Estos restaurantes no son ni han sido pensados como lugares de citas aunque las mesas se completen por orden de reserva. Pero de todas maneras, ante algo tan inusual, resulta interesante reflexionar sobre el tipo de relación que se podría establecer con alguien desconocido en un ámbito en el que uno carece de sus elementos habituales de presentación y seducción. Sería una cita a ciegas perfecta y total.
Sin nada de luz, uno está en cierto sentido despojado de sus armas; ya no se luce por la blusita escotada y sexy, la sonrisa, el color de los ojos o del pelo sino que, básicamente, debe valerse de sus mejores habilidades para la conversación y sólo logrará transmitir sensaciones y emociones con los tonos de voz, sin miradas ni gestos. Y degustará los platos en las mismas condiciones, no a partir de su aspecto, presentación o cantidad sino por lo que despiertan los aromas y las texturas de lo que ha sido servido.
Una verdadera cita a ciegas que seguro vale la pena experimentar, cuyos resultados son imprevisibles y que puede ayudarnos a descubrir capacidades que ignorábamos tener.
¿Tuviste citas a ciegas?
Por: Daniela Di Segni
Fuente: Divertidas




