Se le han dado muchas vueltas a este tema y es difícil ponerse de acuerdo. Antes, según las teorías románticas, las madres y las tías decían: "No le muestres que estás interesada, nena, hazte desear". El cambio de las costumbres y la posmodernidad hicieron que nos animáramos, no demasiado y sólo de vez en cuando, a tomar nosotras la iniciativa.
No siempre resulta
En general, el resultado, por la experiencia propia y la de muchas amigas de todas las edades, no es precisamente brillante; al menos todavía. Que tomes la iniciativa tú (algo que decididamente no resulta tan terrible como parece cuando vences el indispensable minuto de miedo), está bien porque así no queda todo sólo en manos del hombre. Esto es bueno porque, cuando dejas que la iniciativa la tome solamente él, lo único que te queda es sentarte a esperar que suene el teléfono. Y ya sabemos que el teléfono, ese aparato que te quedarás mirando y preguntándote si funciona o no, sonará por mil motivos, por la llamada de media humanidad, menos la suya.
¿Ir de frente?
A esta altura de las cosas lo mejor sería, por supuesto ir de frente, pero no funciona. También sería bueno hablar con franqueza, pero no funciona. Por supuesto sería sano tomar la iniciativa con libertad, pero no funciona. Las mujeres pasivas que se hacían adorar y aparentaban indiferencia pasaron de moda. Pero no les va demasiado bien a las que se animan a llamar la atención y proponer algo.
El quid de la cuestión
Tenemos que entender algo esencial. Todos tenemos terror de ser rechazados, más aún los hombres que las mujeres. Precisamente por eso, cuando no están seguros de tener éxito los varones no se deciden o, dicho en otras palabras, no llaman.
No hay peor intento que el que no se realiza
Esto es lo que dice el Dr. Horacio Krell un especialista que indica las pautas para tomar iniciativas en el trabajo y los negocios que, curiosamente, coinciden con las de las relaciones personales. Para mostrar la importancia de la actitud cita a Platón: "Siempre tenemos razón, si creemos que nos irá bien o que nos irá mal." Y dice también que nuestro diálogo interno puede ser nuestro peor enemigo cuando nos da argumentos para no llevar a cabo lo que sentimos que deberíamos hacer.
Animarse y probar
Claro que puede salir mal pero, si no lo intentamos, ¿cómo podemos saberlo? Sólo probar nos quitará la incertidumbre y la desilusión será siempre menos dolorosa que la duda interminable de pensar qué hubiera pasado si nos hubiéramos decidido a actuar. Al menos, del fracaso siempre queda la lección aprendida.
Una teoría errada
Una confusión que lleva a malos ratos es que las iniciativas de una mujer hacia un hombre se toman todavía como un indicio de desesperación. Como los cazadores son ellos, una mujer que se anima a disparar el primer tiro es vista como desesperada por la necesidad. Que quede claro aquí que no es así. Como todos estamos necesitados de amor, de cariño y de sexo en muchosv momentos, es muy agresivo y discriminatorio criticarlo solo del lado de las mujeres.
Propuesta
Tal vez sería útil escribir un manual de traducción de expresiones femeninas. Cuando nos animamos y decimos "qué bien lo pasé", "volvamos a vernos", "qué te parece si repetimos el programa", estamos diciendo sencillamente eso. No decimos "quiero atraparte", "quiero casarme", "quiero que esto dure para siempre". Sí estamos diciendo que buscamos un compañero de ruta, que precisamos afecto, que necesitamos amor. Y eso vale para los dos sexos.
No se trata de siempres y de nuncas, sino de dejar fluir, de vivir el momento. Hoy te digo yo que me interesas y mañana me dirás tú que te sientes atraído. ¡Suena tan perfecto que debe ser imposible!
¿Cómo te ha ido cuando tomaste la iniciativa?
Por: Daniela Di Segni
Fuente: Divertidas




