Hace unos días me llamó una amiga, Teresa, sonaba confundida, lo primero que me dijo fue: “Encontré al hombre de mi vida,” por un momento pensé que al fin la vería vestida de blanco y viviendo el sueño que siempre quiso, pero algo en el tono de su voz me hizo pensar que había un “pero” a esa afirmación. “Si, continuó, lo encontré, es perfecto, es médico, es guapo, es educado y me trata como princesa pero… por más que trato no logro enamorarme de él.”
No tuve que preguntar más, la comprendí perfecto. Supongo que a muchas mujeres nos ha pasado en algún momento u otro, vivimos soñando con el “Sr. Perfecto” pero cuando llega simplemente hay algo que no cuadra… no hay química… no resulta, no se entienden en cuestiones que para ti son fundamentales. Y aunque te mires a ti misma y prácticamente ruegas por una pócima que te haga caer rendida a sus pies para completar el escenario de cuento de hadas que pudo haber sido, al final tienes que aceptarlo… por alguna extraña razón o por varias no es para ti.
Entonces es cuando llegan las críticas de tu madre, tus hermanos, tus amigas: “¿Acaso quieres estar sola siempre?, ¡ya no estás en edad de ser tan exigente!, ¡es tan lindo, no pierdas la oportunidad siempre puedes ‘acostumbrarte’ y ‘aprender a quererlo’¡” Te sientes culpable porque si no es él… ¿entonces quién que sea tan maravilloso te va a querer? Pero en el fondo de tu corazón sabes que no serás feliz… y no es su culpa pero tampoco la tuya… es la vida. Y lo mejor que puedes hacer es reconocer a tiempo que aún si es el tipo de hombre que te puede comprar un costoso diamante o una casa con habitaciones para los niños y tiene un aire a Brad Pitt tu realmente necesitas algo más que te complete.
En estas ocasiones lo mejor que puedes hacer es evaluar en una lista lo que tu y nadie más que tu busca en una relación, y si el “Sr. Perfecto” no lo tiene entonces no es “perfecto para ti”, aun si tu madre amenaza con tirarse de un balcón si no te casas con él. Platicando con Teresa ella trabajamos una lista de sus prioridades en un hombre y al final notó las razones por las que no podía seguir con el señorito maravilla y debía seguir buscando, quizá en hombres menos perfectos al menos en ojos de su madre, el correcto para compartir su vida.
Aquí algunos de los criterios que usamos y que al final la hicieron ver que no tenía por qué sentirse culpable de haberle dicho NO al Sr. Perfecto.
Intereses.- Amo los deportes al aire libre y la aventura, adoro acampar y escalar. El Sr. Perfecto tiene miedo a las alturas y sobre todo a lastimar sus preciadas manos de cirujano. No puede acompañarme en mi aventura. Para mí ir a cenar y al cine no es suficiente como diversión.
Conexión emocional.- Básico sentirse cómoda con él, sentir que puedes apoyarte o pedir ayuda sin que te sientas juzgada o incomprendida. Debo sentirme tan cómoda como si estuviera con mis mejores amigos. Aunque el Sr. Perfecto hace un esfuerzo, no entiende mis necesidades, cuando hablo sólo escucha lo que le conviene oír. No hay esa conexión, no la siento.
Conexión intelectual.- No me gusta estar con un hombre que siempre tiene la razón, tampoco me gusta estar con uno que siempre me da la razón. Necesito un hombre con quien puedo compartir y discutir ideas. El señor perfecto siempre pasa como ferrocarril por encima con razones infalibles sobre lo que yo expreso. No escucha mis opiniones.
Plano financiero.- No quiero diamantes, tampoco quiero mantener a alguien. Aunque el Señor Perfecto podría darme cierta tranquilidad económica, para mi no es lo más importante, me sentiría culpable de buscar a un hombre solo por eso, planeo ser siempre independiente en ese sentido.
Plano físico.- No busco a Brad Pitt, tampoco quiero a alguien que no me guste. Busco un hombre atractivo, no perfecto, con quien pueda tener una conexión sexual fácil, divertida y a veces hasta atrevida. El Sr. Perfecto era demasiado hermoso, eso no solo me intimidaba, no podía ser quien soy en la cama. No hubo química suficiente.
Obviamente la lista de Teresa es larga, pero creo que de esa manera logró definir en cierta forma lo que busca y dejó de sentirse mal por no haber encontrado eso en este supuesto Sr. Perfecto se dio cuenta que hay cosas que es imposible forzar y que no hay modo de “acostumbrarse” a alguien y confundir ese sentimiento con amor, aun si la ilusión de ese príncipe azul en un principio te deslumbró. Después de nuestra plática telefónica creo que al menos volvió a ser libre para seguir en esa búsqueda del amor de su vida.
Y a tí, ¿te ha pasado que dejas ir un buen candidato porque no se entienden en alguna cuestión básica para ti? ¿Cómo te diste cuenta?
Por: Eugenia Correa
Fuente: Guía de Supervivencia




