No siempre que detectamos en el otro ese algo que lo distingue, esa diferencia nos parece atractiva. O porque lo hace muy llamativo, y que sobresalga nos expone. O sencillamente porque nos avergüenza.
Puede ser que peque de maleducado, de excéntrico, de cabeza fresca, y que no le pesen personalmente esos rótulos que a nosotros sí nos molestan. Y hasta quizás, que solo sean máscaras que se pone en determinadas situaciones, y que no luce cuando está a solas con sus amigos.
Pero lo cierto es que cuando hace ese algo molesto en público, dan ganas de no conocerlo, de esfumarse, hasta de negarlo. ¿Cómo manejarnos cuando esto sucede? ¿Hay que hablarlo o directamente hay que tomar distancia?
Aquí una pequeña secuencia que sería bueno que guíe nuestro proceso de observación antes de decidir qué hacer:
- Ante todo conviene preguntarse por qué nos inquieta tanto “eso” que ese otro es o hace (aunque sea esporádicamente). ¿Nos reflejamos? ¿Espeja lo que no somos y nos gustaría?
- Después habría que ver si sólo nos avergüenza a nosotros o provoca la misma reacción en otras personas que lo rodean. Ahí sí, entonces, analizar si estamos dispuestos a acompañarlo a pesar de todo.
- Si lo elegimos porque somos realmente amigos y creemos que él se perjudica con su actitud, ¿no sería bueno que se lo hagamos saber de la mejor manera posible?
- Puede ser de mucha ayuda registrar uno de esos momentos “avergonzantes” para poder usarlo de ejemplo cuando sea pertinente abordar el tema con él.
- Saber que si estamos seguros de quiénes somos, poco tiene que importarnos qué piensan los demás de que estemos junto a un amigo/familiar que, a veces, provoca vergüenza ajena.
¿Por qué cosas has sentido vergüenza ajena?
Por: Adriana Balaguer
Fuente: Desesperadas




