Las mujeres estamos hartas de repetir el versito de que ya no hay hombres. Es cierto que la época no ayuda demasiado: es un momento individualista, materialista, el amor no suele estar en las prioridades masculinas. Los hombres solos no abundan y sí, en cambio, las chicas dispuestas a todo para conseguir uno. En ese contexto, ellos salen ganando.
Sin embargo, tengo varias amigas que en el último tiempo han encontrado pareja. Entonces, ¿Cuánto hay de cierto? ¿Por qué muchas otras se quejan?
Conocí el caso de Laura, quien había estado unos cuantos años sola y estaba convencida de que moriría soltera. Hasta que una amiga la llevó de visita a lo de una vidente. Esta le dijo que en poco tiempo tendría un gran romance; que prestara atención porque el amor de su vida estaba a la vuelta de la esquina. Si bien Laura nunca había creído en los poderes sobrenaturales, empezó a estar en estado de alerta ante todos los que la rodeaban. En esos días, uno de sus amigos más cercanos se había separado y fue a llorar en su hombro. De más está decir que se enamoraron perdidamente. Si la bruja adivinó o no, no viene al caso. Lo importante es que gracias a ella Laura pudo despertar todos sus sentidos y le funcionó.
No es que estén todos casados o sean gay. A veces existen otras razones que encierran a las mujeres en actitudes poco favorables para el corazón. Por ejemplo:
Las que tienen miedo: vienen de un fracaso, de una gran frustración y comienzan a descreer en el amor. En realidad, quedaron demasiado vulnerables y temen tener que pasar por ese gran sufrimiento nuevamente. Por lo general, necesitan un tiempo hasta que las heridas se cierren y vuelvan a confiar en un hombre.
Las de baja autoestima: como sabemos, son las que no se tienen confianza en si mismas. No se quieren mucho y piensan que ningún caballero podría reparar en ellas. Se sienten poco atractivas y ponen todos sus defectos como excusa para autoconvencerse de que su destino es estar solas.
Las demasiado exigentes: buscan el príncipe azul, el hombre perfecto y como "nadie es perfecto" se quedan tejiendo y destejiendo bufanditas de lana. Nada les viene bien y siempre tienen a mano una excusa para decir "no". La pareja ideal no queda más que en la utopía; pero se puede conseguir algo parecido si una tiene claro lo que quiere y lo que no va a permitirle a un ejemplar masculino. Lo mejor es relajarse y ampliar el criterio de elección. Así habrá más posibilidades de futuros pretendientes.
Las que se cierran: suele ocurrir con las que son madres separadas y tienen hijos todavía pequeños. Están tan ocupadas que no tienen tiempo para el placer y reprimen su costado femenino. Por lo general, no les gusta demasiado salir y comienzan a aislarse socialmente.
Las que se enamoran de la persona incorrecta: se viven quejando de la mala suerte que tienen en la vida, pero no se dan cuenta de que poseen un censor para captar personas conflictivas, pensando en que ellas con su amor los harán cambiar. Elijen infieles, maltratadores, celosos, o candidatos que las dejan siempre en segundo plano. Sépanlo señoras, nunca van a cambiar a menos que nazca de ellos. Es inútil seguir insistiendo. Hay que mejorar urgente la puntería.
Las que tienen el síndrome de la solterona: temen quedarse solas para toda la vida y lo trasmiten sin darse cuenta. La ansiedad se les escapa por los poros. Los hombres que suelen aparecer salen corriendo porque perciben demasiada presión.
A mi parecer, algunos o varios de estos pueden ser los motivos que, con tal de no enterarnos, las mujeres terminamos convenciéndonos de que la culpa es del otro. Por eso, acá les doy unos consejos para tratar de salir de ese círculo vicioso.
- No encerrarse ni aislarse, hay que tratar de encontrar actividades que nos pongan en contacto con más gente. Así se ampliará el rango de posibilidades.
- Estar siempre arregladas. No significa que perdamos naturalidad, pero es bueno que los demás pongan un poco el foco en nosotras.
- Si hay un candidato que no nos convence demasiado no hay que espantarlo inmediatamente. Sería bueno darle más de una oportunidad. Quizá nos llevemos una sorpresa.
- Avisarle a los conocidos que tenemos ganas de estar en pareja. Seguramente pensarán en alguien para presentarnos.
- Mirar a nuestro alrededor, a veces el amor está mucho más cerca de lo que pensábamos.
Por: Paula Halperín




