Home Experiencias Un novio virtual

Un novio virtual

E-mail Imprimir PDF
Usar puntuación: / 0
MaloBueno 

En la era de Internet prácticamente todo lo que uno desea es posible de realizar sentado cómodamente en una silla. Por ejemplo, comprar un ticket para ver una obra de teatro, cambiar dólares por euros, enterarse de la temperatura del otro lado del mundo y hasta conseguir un novio. Sin dudas, una gran ventaja sobre todo para las madres solas a las que se nos complica hacernos un tiempo para ir a una cita, ya que siempre estamos corriendo o no tenemos con quién dejar a los chicos.

Sin embargo, a través del espacio cibernético es muy simple: Basta con buscar alguna foto que nos haga lucir bien (si es con unos años menos, mejor), darles el visto bueno a un par de muchachos que nos atraigan y luego, conectarnos regularmente para ver quién ha caído en nuestras redes. Ni siquiera necesitamos arreglarnos, podemos ser las más seductoras hasta con los ruleros en la cabeza y las chancletas en los pies. ¡Más cómodo imposible!

Una vez que elegimos y que nos eligieron, comienza la “relación” tan esperada… a través del mensajero. Y como reza el famoso refrán: “Escoba nueva barre mejor”; así que todo parece funcionar de maravillas. Una lo atrapa sólo con un enter. Y él con un click en el momento preciso, se convierte en nuestro hombre perfecto. En última instancia, si algo no funciona se soluciona con un delete y relación terminada. Es tan simple que la que no consigue candidato es porque no quiere.

Mensaje va, mensaje viene las cosas se ponen cada vez más interesantes. La temperatura del chat comienza a subir. Y en ese momento suele ocurrir, al revés que en la época de nuestra abuela, que nosotras damos el primer paso: “¿Cuándo nos vemos?”. Y los papeles se invierten, ellos se hacen desear un poco. Luego, otro poco, y un poco más también, y más tarde debido a nuestra cada vez más impaciente intriga (las mujeres somos capaces de hacer lo que sea para lograr un objetivo), comenzamos a meter presión. Quizás esa es la primer señal de alerta que deberíamos tener en cuenta, pero son tan fuertes las ganas de conocerlos que la relación continúa. Y así suele terminar.

Hace unos días, mi amiga Ximena conoció a través de la Web a un ingeniero agrónomo. Su perfil era el ideal, salvo porque vivía en el medio del campo, a unos mil kilómetros de su hogar, en Buenos Aires. A ella nada le importó, estaba absolutamente ilusionada porque en las fotos en las que se presentaba aparecía junto a su pequeña hija. “Debe ser buen padre”, clamaba a los cuatro vientos. Por otra parte, él le enviaba mensajes románticos junto con otros un tanto subidos de tono. Xime no veía la hora de concretar el primer encuentro, pero el ingeniero estaba muy lejos.

La relación era perfecta, él dulce, ella sexy; no pasaban más de una hora sin que alguno de los dos diera una señal de vida. Decidida a todo, Ximena dio el puntapié inicial al enterarse de que él debía hacer un viaje de trabajo en el que podría pasar cerca de Buenos Aires. Entonces, como el argumento del muchacho era que no podía parar por cuestiones de tiempo, ella le propuso que la buscara para ir juntos al campo donde él vivía. La pequeña luna de miel apenas duraría tres días, más el viaje hasta allá. Antes, ella debía ver con quién dejaba a su hijo.

¡Cuánto entusiasmo! Mi amiga sacó de su cajón la lencería que tenía sin usar hacía bastantes meses. Es que le había prometido muchas cosas a su candidato a través del mensajero. Los días se acercaban y las mariposas de su panza estaban muy alborotadas. Sólo faltaba un día y de pronto llegó un mail explicando que el prometido no podría pasar a buscarla debido a unos inconvenientes inesperados. Como todavía demostraba algo de caballerosidad, le pidió que se comprara un pasaje en bus, “luego te daré el dinero”, aseguraba en la carta. Sin embargo, las ilusiones no mermaron, Ximena aceptó la propuesta. Y finalmente, el encuentro se concretó.

Se conocieron, no hacía falta pronunciar una palabra, ya todo estaba dicho. Se deshicieron lo más pronto posible de sus ropas y el amor floreció. Fue lindo y ella se ilusionó. Sin embargo, las cosas cambiaron de un momento a otro: Argumentando demasiado trabajo, el caballero se ausentó el resto de los días. Mi amiga quedó sola, varada y aburrida en el medio del campo. Ni siquiera tenía señal en el celular para llamarlo. Ni siquiera se podía conectar a Internet, el locutorio más cerca quedaba a unos kilómetros. Ni siquiera él la acompañó hasta la terminal para tomar el bus de regreso. Ni siquiera le devolvió el dinero del pasaje de ida. Así se terminó una relación que fue ideal mientras estaba en el espacio cibernético. Yo diría, una verdadera relación virtual.

Consejos para que la relación virtual se vuelva real

- Buscar candidatos que estén dentro de la ciudad en que vivimos.

- Tener más de uno por las dudas. Si no llega a funcionar con el primero no nos desesperaremos.

- No estar dispuestas a hacer cualquier cosa que nos pidan. No hay que olvidar que en realidad no los conocemos.

- Estar atentas a las señales de alerta (excusas para conocerlos, plantones, mails informando cosas que deberían decirnos por teléfono, horarios extraños para arreglar citas, etcétera).

- Aunque parezca antiguo, esperar a que ellos den el primer paso. Así sabremos que de verdad están interesados en nosotras.

- Tener un encuentro breve en un lugar público. Si hay piel, ya habrá tiempo para concertar otro.

Por: Paula Halperin

Fuente: Minuto para mamá

Un novio virtual
 

Reciba nuestras novedades
Ingrese su e-mail:

Dona por PayPal

Si te gusta el sitio colabora donando y de esta manera nos ayudas a mantener activo este espacio.

Deje su mensaje o requerimiento:


Chica GamarraSite

Chica GamarraSite
Natali Cruzado
Es diseñadora gráfica y le gusta lo que hace...

Noctámbulos: Eventos, conciertos, fiestas, moda

Encuesta

En Perú ¿se compra o se vende por Internet?
 

Usuarios Online

Tenemos 172 invitados conectado(s)

Enlaces

Últimas publicaciones