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Cuando la discusión se nos va de las manos o… a las manos

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Pasa en las mejores familias, en esos momentos en que la olla a presión explota. Hay determinadas crisis de pareja que parecen una bola de nieve. Ambos están al borde de un ataque de nervios y las discusiones son cada vez más fuertes. Quizá termina por convertirse en una lucha de poderes y en un momento de mucha furia, cuando ya no alcanzan las palabras, de repente alguien pierde el control y se escapa un golpe. Jamás, ninguno de los dos cónyuges había hecho algo así, ni siquiera en las peores peleas, pero esta vez pasó. ¿Es el principio del fin? ¿Hay vuelta atrás después de que la discusión se nos fue de las manos?

“Depende de cada circunstancia. Habría que ver por lo que está pasando ese individuo, tanto en la pareja como a nivel personal”, asegura la Licenciada en Psicología Verónica Barca, especialista en los temas de género. “En este caso puede ocurrir cuando se acumula demasiada insatisfacción y hay problemas de comunicación”.

La psicóloga explica que por lo general los golpes comienzan por parte del hombre y la mujer es la que responde. “El género femenino suele tener más discurso a la hora de hablar de lo que le pasa. A los varones les cuesta expresarlo y a veces ante la impotencia de no poder afrontar las palabras aparece un golpe”.

Sin embargo, la especialista agrega que hay que tener en cuenta que no sólo el que pega pudo haber sido el violento, muchas veces las palabras también pueden contener una carga de violencia.

Otro punto importante por destacar es la presencia de los hijos. Aunque los adultos saben que no deben discutir delante de ellos, en ocasiones un momento de impulsividad puede llevar a cometer errores. El problema es que para un niño una situación de este tipo puede ser mucho más traumática que para los mayores. Quizás hasta toma partido por alguno de los padres y así queda en el medio del conflicto.

Sin embargo, más allá de las razones personales o de pareja, ante la respuesta de un golpe habría que tomar este tipo de reacciones como un alerta inmediatamente después.

¿Y ahora qué hacemos?

Barca explica que no necesariamente tiene que haber una separación, siempre que no estemos hablando de un vínculo con un golpeador. A veces las crisis fuertes sirven para madurar. “No toda persona que golpeó una vez va a seguir golpeando pero hay que tener en cuenta que es una barrera que alguien traspasó”, dice la psicóloga. Por eso es importante hacer un alto en el camino y reflexionar acerca de lo que ha sucedido. Un golpe no se puede tomar a la ligera, es necesario destacar que es grave y no debe volver a repetirse. Por eso no le haría bien a la relación negar el hecho.

Es decir, uno puede entender que a veces un momento de impulsividad o una crisis personal pueden llevar al descontrol. Habría que conocer las circunstancias individuales de cada persona, pero es importante que haya mucho diálogo en la pareja para sanar las heridas.

“Recordemos que donde hubo un golpe es porque faltaron palabras”, aclara la especialista. Aunque ambos estén predispuestos a entablar un diálogo no siempre logran encontrar un espacio en el que se pueda reflexionar. En esos casos, lo mejor es acudir a un profesional que puede enfocar el conflicto desde otro ángulo, lo cual a veces termina por destrabar la situación.

Por: Paula Halperín

Fuente: Minuto para mamá

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