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Es más joven, ¿saldrías con él?

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Es más joven, ¿saldrías con él?Mi amiga Paula se casó muy joven y se divorció al poco tiempo. Después de drenar los resquicios de dolor y la sensación de fracaso que implica la separación, comenzó a replantear su vida desde otro lugar: la libertad. Ya sin la presión social del matrimonio y siendo autosuficiente en cuestión económica, Paula retomó su verdadera vocación, la música. Trabajó muy duro los dos últimos años para conseguir una beca y poder continuar sus estudios en una academia de arte en el extranjero. Y lo logró.

Libre, guapa, talentosa, experimentada, segura de sí misma, rodeada de lo que más le gusta hacer en la vida… Está viviendo un momento privilegiado. Sin embargo, hace un par de semanas me escribió para contarme que ese privilegio la ha puesto en una situación que nunca imaginó. La mayoría de los hombres que se le acercan son, nada más y nada menos que LOLITOS, chicos mucho más jóvenes que ella, absolutamente encantadores… pero con pocas o nulas intenciones de formar con ella una pareja a largo plazo.

Paula es guapa y segura de sí misma, un imán para los hombres de cualquier edad. Pero la realidad es cruda y hay que aceptarla: no abundan los hombres de nuestra generación que estén disponibles y dispuestos a algo serio. Además, si Paula está en un ambiente universitario, la probabilidad de encontrarse chicos más jóvenes que ella es altísima. Entiendo que sienta vértitgo de enamorarse de un Lolito; llenos de frescura y energía, andan con esa ligereza de espíritu que tienen los que no han vivido (todavía) una relación lo suficientemente dolorosa como para estar a la defensiva con una mujer. No se trata de decir si está bien o está mal, creo que Paula necesita identificar las razones por las cuales va a involucrarse con alguien, y una vez que lo sepa, será fácil su decisión.

Pregunté a dos compañeras de oficina si habían tenido una relación con un Lolito. Ambas respondieron que sí. A grades rasgos, éstas son sus experiencias:

“Él era nueve años menor que yo”, recuerda Alexandra, de 35 años. “El encuentro ocurrió poco tiempo después de divorciarme, cuando más deprimida, sola y derrotada me sentía. Estar con este chico era adrenalina pura, pero yo no estaba lista para empezar algo en serio y él sólo quería satisfacer su curiosidad. Sin embargo los dos ganamos: su admiración y su energía me devolvieron la sangre al corazón. A cambio yo le di una mezcla de experiencia, aventura y estatus; le encantaba presumir con sus amigos que andaba con una chava mucho mayor que él. Con esta relación, breve y muy cariñosa, mi ánimo se rehabilitó y recuperé la alegría de antes”, concluye Alexandra.

“Conocía a mi Lolito en una fiesta y empezamos a salir de inmediato; parecía muy comprometido al inicio y eso me daba confianza”, afirma Maritza, de 29 años. “Me presentó a sus amigos y a su familia entera, salíamos muchísimo, él me consentía, y qué decir del sexo… era maravilloso. La cosa es que terminamos viviendo a su ritmo y yo me cansé. Me empaché de tanta “juventud”, demasiadas fiestas, demasiada… improvisación; era músico, creo que eso explica muchas cosas (risas). Bueno, pues cuando yo quería un poco de intimidad en casa, él terminaba por sentirse encerrado y a disgusto. Fue entonces que me pregunté si era por la edad o simplemente que mi chico era un egoísta. Nos dimos un tiempo para pensar mejor las cosas. Volvimos a intentarlo un mes después, pero luego me enteré que también había vuelto con su ex y se estaba dando el lujo de andar con las dos al mismo tiempo. Qué inmaduro, la neta. Obviamente que terminamos, yo estaba hecha una furia y él sintiéndose una cucaracha. Pero hoy, haciendo un balance de las cosas, creo que yo le di experiencia y estabilidad mientras que él me dio el impulso para volver a involucrarme con alguien con mi mismo ritmo de vida.”

Dialogando con Alex y con Maritza sobre el caso de Paula, ambas opinan que no hay nada peor que el prejuicio de la edad. “Hay que intentarlo”, opina Alexandra, “Si en mi caso falló fue por falta de coincidencia. Pero ahí está el caso de muchas mujeres que rehacen su vida con chicos más jóvenes y logran construir relaciones muy sólidas a largo plazo”, concluye optimista.

Y bueno, yo creo que el meollo del asunto no es encontrar a un hombre cercano a tu edad cronológica sino a alguien espiritual, mental y emocionalmente listo para emprender una relación como la que Paula quiere. Ultimadamente, si solo se tratara de tener novio, la edad sería lo de menos. Tener novio es fácil, lo difícil es construir una pareja; implica tener la MADUREZ para establecer acuerdos y para respetarlos, acuerdos que sean coherentes con la esencia de cada uno y también con la idea que ambos tienen del amor. Si no tenemos eso, estamos metiéndonos a ciegas en una relación.

¿Qué le dirías a Paula? ¿Vale la pena iniciar una relación con un hombre más chico que ella?

Por: Luza Alvarado

Fuente: Entre amigas - 24/02/2010

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