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Ni jóvenes ni viejos

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Aparecen las primeras canas, los dos o tres kilos que aumentamos en el invierno se resisten a abandonarnos en primavera, cuesta más sacudirse a la mañana los rastros de una noche de fiesta... El cuerpo nos advierte: ya somos adultos. Podemos deprimirnos por aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”. O regocijarnos con la buena noticia de que por 23 años más estaremos transitando la mediana edad.

Según un estudio realizado por la Universidad de Kent en Gran Bretaña, la juventud termina a los 35 y la tercera edad empieza a los 58, quedando en el medio algo más de dos décadas de adultez. (www.kent.ac.uk/news/stories/essabrams/2010).

Un tiempo, sin duda, en el que nos desarrollamos profesionalmente, conoceremos al amor adulto, armaremos una familia o elegiremos seguir solteros. Un tiempo en el que empezaremos a ver en el espejo el verdadero reflejo de nuestras elecciones.

¿Qué podemos hacer para vivir al máximo esta etapa, para no pasar nuestros días añorando el pasado y temiendo el futuro?

Sergio Sinay, reconocido investigador de los vínculos humanos, sugiere en su libro “La sociedad que no quiere crecer”, adoptar un conjunto de “rituales” que nos ayudarán a ratificar y fortalecer nuestra adultez emocional, psíquica y espiritual; y que también nos alejarán de la gran pandemia de nuestro siglo, la adolescencia eterna del hombre.

Van aquí cinco de sus consejos, mis favoritos:

- Festejar nuestros cumpleaños significativos sin huir de esas fechas. No festejos adolescentes sino algo creativo, propio de quienes hemos llegado a ser.

- Hacer un ejercicio de balance permanente que nos permita tener conciencia de lo que hemos sido, de lo que somos y de lo que aspiramos ser (no volver a ser).

- Planificar una “retirada ordenada”. Aceptar honestamente aquello que ya no corresponde a nuestro momento existencial y despedirnos de esas actitudes, hábitos, actividades.

- Optar por un nuevo uso del tiempo y ponerlo en práctica.

- Preguntarnos si aún tenemos alguna elección vocacional pendiente. Podemos cambiar, si queremos, opciones profesionales por vocacionales.

Solo se trata de reconocernos adultos, maduros y de poder disfrutar de las ventajas de este tiempo, en el que aún tenemos la energía de la juventud, y nos queda por delante un largo camino, lleno de experiencias que nos permitirán construir la sabiduría con la que pretendemos llegar a la vejez.

¿Cómo deseás tu adultez? ¿Cómo la vivís?

Por: Adriana Balaguer

Fuente: Desesperadas - 18/03/2010

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