Hace décadas que las mujeres hemos salido al mundo. Tenemos un trabajo remunerado, desarrollamos nuestros objetivos profesionales y llegamos a la noche tan cansadas por el “afuera” como cualquier varón. Sin embargo, a diferencia de ellos, basta que pongamos un pie en la casa para que dé comienzo nuestra segunda jornada laboral: poner el lavarropas, preparar la comida para la familia, bañar a los chicos, supervisar sus tareas de la escuela.
Un trabajo realizado por www.o-maternidad.org.ar, asegura que al sumar el tiempo de trabajo que las mujeres realizamos para el mercado con el que dedicamos al cuidado de la familia, se constata que trabajamos una cantidad mayor de horas diarias que los hombres. Específicamente: un cuarto de hora más. Precisa que le dedicamos tres horas a las labores domésticas para el propio hogar, una hora al cuidado de los niños y adultos de la casa y dos horas tres cuartos al mundo laboral. Por su parte, los varones invierten, en promedio, cinco horas y cuarto al trabajo para el mercado, poco más de una hora al trabajo doméstico y menos de media hora al cuidado de los chicos.
¿Cómo no sentir fatiga de combate con semejante sobrecarga? Sabemos que parte de la solución está en aprender a delegar y a repartir las tareas domésticas. También en decir: “No puedo”. No siempre podemos. Por eso, a continuación, un breve instructivo de lo que conviene hacer para sobrevivir a la dinámica familiar que marca estos tiempos.
- Repartir las actividades de la casa vinculadas al orden, la salud, el aseo y la alimentación de sus habitantes (desde preparar la cena y darle de comer a las mascotas hasta ir al supermercado). Que las responsabilidades sean acordes a las edades. Que nadie sienta algún tipo de exceso en relación a los otros.
- Poner un horario para la realización de las tareas escolares en el hogar, de manera que estén concluidas, por lo menos, una hora antes de la cena. Reservarse en ese lapso un tiempo para responder a las inquietudes que surjan.
- Establecer días y horarios para la visita de amigos, así como también para aquellas cuestiones extra laborales que quieran realizar los padres, juntos o por separado. Organizarse con tiempo para que, en caso de ausencia de ambos, haya otro adulto que pueda acompañar a los chicos en sus rutinas diarias.
- Dejar bien en claro cuál es la situación económica de la familia, de manera que todos sepan cuáles son sus posibilidades frente a esta realidad. Establecer metas de ahorro consensuadas.
Solo se trata de poder disfrutar del aquí y ahora, sin vivir esperando que los hijos crezcan. De no tener que elegir entre ser buenas profesionales o madres dedicadas. De no sentirnos presionadas ni saturadas. De ser adultos plenos.
¿Alguna vez sufriste “fatiga de combate” frente a la doble jornada laboral que tenemos las mujeres? ¿Qué hiciste para alivianar tu rutina?
Por: Adriana Balaguer
Fuente: Desesperadas - 10/03/2010




