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La tentación de las tres C

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Año más, año menos, la mayoría de las mujeres sufrimos la crisis de los 40 años. Un día nos despertamos y empezamos a revisar  el camino recorrido, nos cuestionamos el presente y queremos redireccionar el futuro para hacerlo menos imprevisible. Mientras esto pasa, los varones nos miran extrañados y, en el mejor de los casos, tratan de comprendernos.

Pero diez años más tarde, el “sacudón” los sorprende a ellos.  Más allá del cambio físico (andropausia masculina), la psicología moderna asegura que es a los 50 años que les arremete el “deseo de vivir de golpe lo que no se ha vivido” y que sucumben a la “tentación de las tres C”: cambio de coche, casa y cónyuge.

 ¿Cómo podemos prepararnos las mujeres para ese momento de nuestras parejas? Hay cinco premisas básicas que es menester que tengamos en cuenta cuando percibimos que se les arremolina la testosterona:

- Conviene dejarlos sentir su libertad pero recordándoles que si bien los acuerdos preexistentes pueden reverse, hay cuestiones como la fidelidad (por citar tal vez la que más está en riesgo con el cambio de hábitos) que siguen siendo “determinantes” para permanecer juntos. ¡Chicas, no bajen la guardia, si admiten que perdonarían una infidelidad, están pedidas…!

- Si aparecen montados en una moto, no está mal regalarles un casco (la mayor cantidad de accidentes de moto ocurren a los 50). Y solo si también es nuestra fantasía, podemos abrazarnos a sus cinturas vestidas de cuero. No perdamos el eje: son ellos los que están en crisis, no nosotras.

- Tenemos que aprovechar que nuestros hijos ya están grandes y no pasar a ser madres de nuestros maridos. Si elegimos ponerles un “espejo” para que se vean con sus cambios, que nuestro discurso sea humorístico y no maternal. El diálogo siempre es entre dos adultos, no lo olvidemos.

- Recordar que el “viejazo” que los está afectando no tiene nada que ver con nosotras.  El malhumor, la autoexigencia, sus nuevas manías y hasta la depresión que pueden atravesar, les pertenecen en un cien por ciento. Conviene acompañarlos sin hacerse cargo de sus estados de ánimo. Sea cual sea el resultado final de este proceso para la pareja, lo importante es estar segura de quiénes somos y de cuál es el lugar que queremos ocupar en la vida del otro.

- Indispensable si queremos seguir creciendo juntos: transmitirles  que la andropausia no es el fin de la vida, que empieza una nueva etapa que puede ser tan productiva como las ya vividas.

¿Cómo reconocés el “viejazo” en los hombres? ¿Qué cosas no les perdonarías?

Por: Adriana Balaguer

Fuente: Desesperadas

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