Sólo un muro nos separa de esos seres que apreciamos pero otras veces los odiamos tanto que quisiéramos que estuvieran al otro lado del planeta y que nunca jamás fueran por más tiempo nuestros vecinos.
Recuerdo con un poco de desprecio al pequeño Santiago el hijo adolescente de mis, un tanto presumidos, vecinos. Un adolescente de 14 años que quería tener su propia banda de rock, tomaba clases de guitarra eléctrica, y como la práctica hace al maestro, todos los días tenia que soportar la escala musical por casi 2 horas interpretada por el inexperto y, creo que, poco talentoso guitarrista. Algunas veces, a punto de un ataque de nervios, me atreví a tocar la puerta para pedirles, de la mejor forma posible, que dejara de tocar el instrumento, pero su madre respondía con un tono punzante “ es de día, a nadie le estamos interrumpiendo el sueño, es nuestra casa y sólo son 2 horas diarias, ya casi termina”. Me quería reventar, así que tocaba aguantar el repetitivo “chan chan chaaan chan, chan chan chaaaan chan”.
No todos son tan malos, Doña Rosita, es una vecina como ninguna, a veces me pregunto “qué haría sin ella?”, mi vida es mucho más fácil, si estoy fuera, es ella quien recibe al electricista que va a hacer algún arreglo en mi apartamento, riega los matas y hasta es amiga de mi gato. Es una dulzura de mujer.
Se trata de convivencia, estamos juntos pero no revueltos, vivimos muy cerca de muchas personas y en las carreras del día a día, no tenemos tiempo de conocer quién es esa persona que está todos los días al otro lado del muro. El secreto es llevarse bien con ellos al fin y al cabo hace que tu vida sea mejor, un saludo y una sonrisa en esos encuentros diarios en las escaleras o en el ascensor, puede hacer más bien que mal.
Les cuento la historia de uno de mis amigos que se caracteriza por su mal humor, uno de sus vecinos dejaba siempre las botellas por fuera del shut de basuras porque le daba pereza llevarlas hasta el depósito donde se debían llevar, mi amigo Felipe decidió poner un letrero gigante que decía: “DEJE DE SER TAN COCHINO Y LLEVE LAS BOTELLAS AL LUGAR INDICADO ATENTAMENTE EL DEL APARTAMENTO 202”, el vecino bastante indignado, tocó la puerta de mi amigo y le dijo que era él quien dejaba las botellas, a lo que Felipe le respondió muy intolerante con insultos, el muy respetuoso vecino le respondió: “ las dejo ahí porque le pago al señor de oficios varios para que las recoja” y se fue muy dignamente. Ocho días después, Felipe tenía una entrevista de trabajo y ¡taaarán!, quien lo iba a entrevistar era el vecino al que insultó.
Bueno yo creo que esto le pasa sólo a mi amigo, pero nunca sabes en qué te pueden ayudar; una tacita de azúcar, el directorio de páginas amarillas, un martillo que necesitas o hasta pedirles que le bajen un poco lo música cuando están de fiesta, lo harían de una manera amable al ser un poco más amistoso con ellos.
Sí, un vecino puede ser alguien que te puede sacar de apuros o puede ser una pesadilla, ¿qué opinas tú de tus vecinos?
Por: Catalina Sierra
Fuente: Entre Amigas




