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Recupera el control de tu vida

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¿Sientes que todo se te viene encima, que no tienes tiempo de nada, que el mundo conspira en tu contra o que las preocupaciones te carcomen? ¡Felicidades! Estás en crisis, el momento idóneo para bajarte de la montaña rusa y recuperar el control que, sin darte cuenta, fuiste cediendo a circunstancias externas. He aquí cuatro formas de empezar a tomar la rienda:

Aprende a renunciar

Este mundo está lleno de estímulos. A cada momento surgen nuevas experiencias por vivir, tareas por hacer, lugares por visitar y hasta productos por probar. Sin embargo, siendo sinceras, sabemos que no todo lo que se aparece ante nosotros vale realmente la pena.

El primer paso es cumplir con tus compromisos actuales lo mejor que puedas. En cuanto llegue una nueva propuesta, analiza tu realidad. Antes de anotar un pendiente más en tu agenda o tu lista de deseos, pregúntate si es trascendente y necesario en tu vida. Si no lo es, podrás renunciar a ello para dedicar esa energía a lo importante. Pero si te parece que es absolutamente necesario, entonces asume que deberás decir NO a otras propuestas.

Toma responsabilidad

El jefe, la suegra, la maestra, el portero del edificio y ¡hasta tu pareja! A veces pareciera que los demás “se empeñan” en hacernos la vida complicada. No dudo que haya gente irresponsable y malintencionada, pero ¿no será que estamos haciéndolos responsables de nuestra felicidad?

a) Revisa a quién le estás confiando qué. “No hay que pedirle peras al olmo”, decía mi abuela, “y si lo haces –a menos que ocurra un milagro–, prepárate para que las cosas no salgan como lo planeaste”. Si no te queda de otra, puedes tomar tus precauciones o preparar un plan B; aunque requiere de más energía, puede que te ahorres frustraciones. Sin embargo, lo más recomendable es que, desde el principio, busques a la persona adecuada para ayudarte.

b) No pongas tantas expectativas en los demás y confía en tu capacidad para generar situaciones positivas. Si tú no haces nada por ti misma, no esperes que el doctor te cure de tus males ni que tu pareja te enamore de nuevo. ¡Decídete a hacerlo! Toma responsabilidad: hay pequeñas acciones que sí están en tus manos, decisiones que pueden hacer la diferencia entre sentirse decepcionada y sentirse capaz (o, como dicen ahora, empoderada, del inglés empowerment).

Arranca las dudas de raíz

Una amiga estaba muerta de la desilusión porque pensaba que su futuro marido no quería tener hijos con ella. Cuando le pregunté si habían hablado al respecto, respondió: “No hace falta, ya sé cómo piensa, siempre critica a otras parejas”.  No pude convencerla de hablar con él y esta duda fue minando la relación. Después de varias crisis, por fin se atrevió a plantearle el asunto a su novio y, para sorpresa de mi amiga, él contestó: “Nosotros no somos como otras parejas; creo que tú serías una excelente madre y sería un honor que permitieras ser el padre de tus hijos”.
 
Siempre he pensado que las dudas son como la hiedra: si las dejas, crecen hasta echar raíces capaces de dañar los muros que sostienen nuestra vida. Por eso, antes que la incertidumbre te saque de balance, encara tus dudas como si fueras a arrancar la maleza de la jardinera.

Crea tu propio santuario

Esto no tiene que ver con la religión, aunque puede ser si eso te hace bien. Aquí se trata de reservar un momento del día (o de la semana) exclusivamente para ti. Sin teléfono, sin computadora, sin niños, sin distracciones; un espacio casi sagrado, intocable, en el que tu bienestar sea tu única responsabilidad y la asumas igual que haces con los pagos o el trabajo. Para que los demás respeten este espacio, la primera que tiene que respetarlo eres tú. Mientras no se convierta en un hábito (para ti y los que te rodean), trata de no negociarlo contigo misma porque la inercia del día a día te va a ganar. Sí, requerirás de cierta logística y apoyo de los demás para que, por ejemplo, te ayuden a cuidar a los niños o no te pasen llamadas.

Tener un momento para ponerte al día contigo misma no es un lujo, es un derecho que hemos relegado por un sinfín de motivos –cada quien tendrá los suyos. Leer, tomar una siesta, regar las plantas, meditar, rezar, hacer ejercicio, escribir un diario, pintarte las uñas, bailar… Lo que tú decidas para conectarte contigo misma está bien. Al salir de tu santuario personal te sentirás renovada y en paz; tu actitud será tan buena que el mundo te lo agradecerá.

Por: Luza Alvarado

Fuente: Pasionaria

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