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¡Porque yo lo digo!

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Una de las situaciones que suelen descolocar a los padres es la disciplina de sus hijos. Seguramente, querida mamá, más de una vez te has visto sin saber qué hacer ante ese pequeño ser que te domina. Los mayores aplicamos nuestros conocimientos, inteligencia y experiencias a muchos problemas de la vida cotidiana. En cambio, tu niño, que es extraordinariamente inteligente, emplea todo su potencial en muchas menos asuntos y, de ellas, la principal tal vez sea reafirmarse en su individualidad.

No hay cosa que esté más arraigada en un niño que hacer lo que él quiere y no lo que dicen que haga. Es su manera de comenzar a ser independiente. Por supuesto, él no sabe que toda independencia es relativa y que nadie, ni los adultos, pueden hacer siempre lo que se les ocurra.

En cambio, la disciplina del niño no puede ser cuartelaria. Él no es un joven recluta ni tú el sargento que lo mantiene en un puño. Por tanto, mamá, antes de hablar sobre cómo debe funcionar la disciplina de tu niño, debo llamarte la atención acerca de que la manera más correcta de hacer valerla es por medio de la creación de normas , del diálogo y la perseverancia. De lo contrario, podrías padecer y hacer padecer con demasiada frecuencia los resultados de incidentes desagradables, de esos que hacen exclamar muchas veces a las madres: "¡Dios mío, no puedo con este niño!".

¿Qué hacer? Ante todo, mamá, sé objetiva. No todas las protestas e indisciplinas de tu pequeño tienen la misma connotación. Las hay tan simples que a veces son el resultado de tu intransigencia. Las hay verdaderamente importantes, de fondo, y con "perretas" incluidas. Tendrías, en consecuencia, que establecer patrones de lo posible y lo imposible. Y las normas que los regulan.

¿Es posible permitirle a tu niño que desee cambiar por otra la camisita que le pusiste? ¿Merece ese deseo del niño un regaño espectacular sólo por hacer que prevalezca tu decisión? ¿Cuál sería la norma en esos casos? Cuando deba vestirse para alguna salida, por ejemplo, dale a escoger. No impongas, aconséjale. Verás lo efectivo que resulta a mediano plazo que tu hijo tenga criterio propio sin necesidad de entrar en contradicción contigo.

La posibilidad de que él elija podrá ser una de tus armas para el acuerdo y la concordia. Y esa misma opción también está llamada a reforzar un elemento básico de tu control sobre su disciplina: evita darle una solución única a todo y permítele, dentro de un margen razonable, que él crea --lo que no es menos cierto-- que está actuando libremente.

Además de lo anterior, existen otros muchos recursos, pero todos con un denominador común: tu actitud de comprensión, por una parte, y la firmeza sin excesos, violencia ni dramatismos. Estás ante los comienzos de una nueva vida creada por ti y eso requiere la misma ecuanimidad o más ecuanimidad de la que haces gala ante otras situaciones que confrontas a diario.

Debes entender que la palabra "¡NO!", tajante en su acepción, nunca nos resulta grata y siempre cuesta aceptarla. ¿Por qué tu pequeño ha de ser diferente? A él le molestan las imposiciones, lo que no entiende, lo que le resulta absurdo. Asimismo, es muy inteligente y sabe que atormentándote un poco podrás cambiar tu no inapelable por un sí de su victoria.

Por tanto, mamá, pon a un lado ese ¡No! doloroso y la frase demoledora que lo acompaña: "¡Porque yo lo digo!". Es preferible que ante cada situación tengas la flexibilidad de la hierba y no la rigidez del árbol frente al viento. Tal vez tu niño respondería mejor si le dijeras: ¿Qué prefieres comer, pizza o pollo? Pero si tiene que ser pollo, hazle saber por qué. De esta suerte, destierra las órdenes del sargento e instaura la democracia hogareña, donde siempre es preferible decirle lo que debe hacer a lo que no quieres que haga.

Mi consejo

En los desacuerdos con tu pequeño es muy importante actuar de manera que él comprenda que están motivados por su conducta y que eso no disminuye tu cariño ni tu valoración de su persona. Nunca le digas cosas como "Eres un niño horrible", porque esas expresiones se quedan dentro.

Por: Elena Tamargo

Fuente: Aquí está mamá

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