Horas frente al espejo. Bases, polvos, delineadores, rouge…Todos entran a escena al compás de la vanidad. ¡Porque no hay mujer que se maquille que no busque verse bella! O mejor dicho, que la vean bella. Y para esto, no hay edad. ¿Conocen a alguna que se pinte como una puerta, como decía mi abuela, para quedarse sola y encerrada en casa? A lo sumo, si lo hace, se tratará de una prueba para un objetivo mayor (una ocasión especial o la identidad física).
Durante el año pasado, la consultora DatosClaros realizó un estudio cualitativo sobre las mujeres adolescentes y la estética personal. Y llegó a la conclusión de que, como mujeres que son, las jóvenes tienen una relación casi intuitiva con el maquillaje, al que le asignan un lugar de gran importancia en relación a su imagen general. En el podio suben: primero a la ropa, después al maquillaje y, en tercer lugar, el pelo.
¿Con qué frecuencia se maquillan las adolescentes? Según este trabajo, la amplia mayoría lo hace a diario, siempre tratando de que combine con la ropa. Por ejemplo,
eligen la sombra según como vistan. Y, como era de esperarse, se maquillan con mayor dedicación el fin de semana o para salidas especiales.
Pero, la gran pregunta es: ¿por qué se maquillan? Algunas confiesan que lo hace para cubrir imperfecciones, transformar la cara y favorecerla gracias a la magia del maquillaje. Otras, simplemente, para verse más atractivas y sexys. Y están las que se pintan para llamar la atención, ya sea para parecer más grandes o porque eso les da, según dicen, más personalidad.
Y es aquí donde radica el valor del maquillaje en esta etapa de la vida. Cuando no reconocemos nuestro cuerpo porque el cambio es la constante, y eso nos genera mucha angustia, qué mejor que resaltar aquello de lo que sí nos sentimos seguras y ocultar lo que nos acompleja (como el acné).
Así es que si nos han dicho que nuestros labios son "increíbles", estaremos horas con un pincel delineando su contorno. Y si son nuestros ojos los que "hablan", o al menos eso es lo que comentan, nos empecinaremos con el rimel y las sombras para destacarlos.
En definitiva, se trata de gustar y gustarse. Y no cabe duda que, para esto, el maquillaje es un aliado incondicional. Pero como sucede con otras cosas de la vida, dato que es bueno que uno lo vaya aprendiendo en la adolescencia, la clave del éxito está en "la dosis" (el equilibrio) y en "el olfato personal" (la intuición) para aplicar la receta. Por eso:
- Si lo que decidimos es pintarnos la boca de rojo, por ejemplo, conviene que no haya nada del resto de la cabeza que le quite protagonismo. Y aquí hay que tener cuidado con los accesorios y el peinado, que deben acompañar la elección del rouge.
- Y si lo que queremos es vernos realmente "especiales" y "diferentes", lo mejor será guiarnos por lo que nos sople nuestra voz interior. Por más que el mundo diga que el celeste en los párpados nos queda genial, si no nos gusta, debemos excluirlo de nuestra paleta.
- La misma intuición debemos respetar si consideramos que estamos "muy poco producidas" para un evento o fiesta. De nada vale que los demás te digan que así estás bien, si no te sientes lo suficientemente cómoda.
Resumiendo: el maquillaje puede ser una caricia para el alma, una pincelada que realce la belleza personal o una vieja y áspera almohadilla que solo lastime lo que realmente queremos ser y mostrar de nuestro interior. Como siempre, vos elegís.
¿Por qué te maquillás? ¿Qué buscás destacar?
Por: Adriana Balaguer
Fuente: Desesperadas




