Recuerdo cuando era adolescente, todas las muchachas de mi generación deseábamos ser top models como Claudia Schiffer, Cindy Crawford o Linda Evangelista. A principios de los noventa, y con el avance de las tecnologías, la era de la imagen ya se había instalado a pleno entre los mortales.
Pero los tiempos van cambiando, así como también los ideales. El otro día mi hija más grande me dijo: “Mamá, quiero ser famosa”.
Ante mi cara de desconcierto, ya que le expliqué que famoso se puede ser de muchas maneras y muy diferentes (desde un presidente o un buen escritor, hasta el peor estafador), me explicó que ella quería ser artista. No tenía muy claro qué tipo de artista, pero de lo que estaba segura era de que quería convertirse en el ídolo de mucha gente. Y de inmediato me pidió que la llevara a algún casting. ¿Yo?, que nunca estuve a favor de que los niños trabajen. ¿A mi? Que seguramente no le trasmití nada de eso, ya que soy demasiado tímida y odio las cámaras (por eso no prosperó mi carrera de modelo top). ¿Contar con mi ayuda? Que toda la vida critiqué el ambiente artístico porque me parece un mundo de fantasía.
Perpleja por no saber qué contestarle le solté un: “veremos, mejor lo hablamos con tu padre”. Fue la única respuesta que se me ocurrió para escapar del tema.
Sin embargo, me quedé pensando… ¿De dónde habría sacado tamaña idea? ¿Debo prohibírselo? Los niños tienen que jugar y no hacerse responsables de ganar el pan desde tan pequeños. ¿Y si le estoy coartando las posibilidades de algo que realmente la apasiona? ¿Qué le apasiona? Qué difícil resulta ser padres a veces...
Pero las cosas hay que analizarlas dentro de su contexto. Como decía, estamos en la era de la imagen, la globalización; hoy es posible hacerse conocido en menos de un minuto alrededor del mundo. Hasta tenemos casos como los del joven cantante Justin Bibber, que se ha vuelto muy famoso sólo por haber subido un video a un sitio de la Web.
Las computadoras lo han permitido y evidentemente el deseo de mi hija no surge de casualidad. Pienso que a su manera, estos sitios y redes sociales, como Facebook o YouTube, son alternativas para los que desean exhibirse ante los demás pero nunca han tenido la posibilidad de acceder al ambiente del espectáculo.
¿Qué es lo que le atrae a una pequeña de nueve años de que todo el mundo sepa de ella? Cuando yo era niña no existía esa posibilidad; por eso digo que nuestros hijos nacieron con otro tipo de cabeza. ¿O acaso no los mostramos orgullosos ante nuestros amigos de las redes cuando apenas tienen horas de vida? ¿En el fondo no seremos nosotros quienes estamos incentivándolos?
Es que si Inés me hubiera dicho: “Quiero ser una cantante, una actriz o una bailarina famosa”, hasta lo podría haber entendido. Pero que lo único que enciende su pasión sea el deseo de que los demás la conozcan es un código de la juventud que aún he podido descifrar. Bien, entonces como madre… ¿Qué debo hacer?
Decidí que por ahora voy a esperar. Los tiempos cambian y los intereses de los niños también. Quizá lo mejor sea explorar un poco dentro de ella para saber cuáles son las cualidades que brotan a flor de piel. Por lo pronto, ayer escribió un cuento hermoso y lo subió a Facebook. A su manera, logró que mucha gente le dijera esos halagos que… ¿a quién no le gusta recibir?
Tal vez termine siendo una escritora famosa… o tal vez en unos años se sienta más atraída por una carrera de bajo perfil, como veterinaria o maestra, y será igualmente importante. De todos modos y haga lo que haga para mi siempre será una ídola.
Por: Paula Halperín
Fuente: Minuto para mamá




