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Rituales caseros de belleza

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Rituales caseros de bellezaEntre los gastos imprevistos y los ajustes salariales, últimamente la crisis económica me ha pegado más de lo normal. Comencé a ver que mi alacena apenas tenía lo indispensable. “No está mal”, me dije, “así no hay que preocuparse por calorías innecesarias”. De pronto, mi ritmo de vida se tornó austero y dejé de darme esos pequeños lujos relacionados con mis rituales de belleza. Hasta que comencé a sentirme marchita, descuidada, francamente miserable. Guardadas las debidas proporciones, entendí por qué durante la Segunda Guerra las mujeres valoraban tanto un lápiz labial, un shampoo, un perfume o un par de medias.

Me puse a hurgar en casa de mis padres en busca de algún objeto de mi infancia que me hiciera sentir aliviada emocionalmente y… Voilá! Me topé con un cuaderno que había pertenecido a mi tía abuela; contenía recetas caseras para aliviar los efectos nocivos del sol, la resequedad, el calor, etc. Justamente, parecía que había sido escrito durante algún tiempo de guerra o austeridad, pero no. Lo que ocurría entonces es que la tía abuela vivía lejos de la ciudad y le era difícil conseguir ciertos ungüentos y cosméticos que, además de caros, sólo se vendían en las grandes farmacias.

La tía abuela y sus hermanas recurrían a los remedios caseros para embellecerse; hasta el último de sus días, su cutis, su cabello y sus pestañas siempre lucieron sanos. Así que tomé el recetario y me lo llevé a mi casa. Vi la materia prima que tenía y luego me lancé al mercado a comprar lo que me faltaba. No me gasté más de lo que normalmente invertiría en la fruta o la verdura de una semana y me puse manos a la obra.

Podría decirles que las recetas son LA onda y que quedé como salida de un spa, pero no. Ni perdí tres kilos ni me convertí en Megan Fox, simplemente recuperé la sonrisa y dejé de sentirme polvosa, gastada, austera o “abandonada”, como aquellas mujeres de la guerra (insisto, guardadas las proporciones).

Las recetas caseras de belleza de la tía abuela son sencillas, deliciosas, efectivas y reconfortantes no sólo por la naturaleza de sus ingredientes sino por el tiempo y la intención que hay que dedicarles. Desde que una va al mercado o se mete a la cocina a partir la fruta, hasta que sale del baño oliendo a huerto fresco, ha habido una transformación muy sutil, más anímica que física.

Quizás a los hombres les parezca un exceso que pasemos una mañana al mes dentro del baño o en el salón de belleza. Pero esto no tiene tanto de frívolo como de terapéutico. Para una mujer, estos rituales son una cuestión más emocional que física: nos ayudan a recuerpar el sentido de lo humano a partir de nuestra feminidad. Independientemente de nuestro carácter, estos rituales pueden aliviar simbólica o temporalmente todo lo negativo. Acicalarse, prodigarse cariño tiene un efecto que nos ayuda a mantaner arriba nuestro ánimo ante una crisis y reforzarlo en tiempos de estabilidad.

Y tú, ¿tienes algún ritual preferido? ¡Compártelo!

PD Por cierto…
Después de leer algunos comentarios solicitando recetas, aquí les comparto algunas:

Para los pies y las manos

  • 1 cucharadita de jugo de limón
  • 2 cucharadas de azúcar mascabado (era la que usaba la tía abuela)
  • 1/2 cucharada de glicerina o aceite de oliva

Mezcla los ingredientes con las manos y frota enérgicamente sobre la piel cuarteada o con callos. Enjuaga y repite la operación.

Para las uñas
Esta receta es un poco apestosa, pero sí funciona. Antes de empezar tu manicure, machaca un ajo fresco y con la pulpa dale un masaje a las uñas. No te enjuagues, déjalo actuar durante 20 minutos. Repite la acción antes de ponerte el esmalte. Tus uñas crecerán más rápido y serán más fuertes.

Para piernas cansadas

  • 1 manojo de manzanilla
  • 1 manojo de hierbabuena
  • 1/2 taza de loción humectante líquida

(Para antes de dormir.) Hierve un poco de manzanilla y hierbabuena en 1 taza de agua. Quedará muy concentrada la infusión. Cuélala y mézclala con la loción humectante. Unta la mezcla en tus piernas de manera que quede una capa sin absorber. Recuéstate de espaldas en la cama, sube las piernas y recárgalas sobre la pared o la cabecera. Espera 15 minutos y después retira el exceso de mezcla con un tus manos. No te enjuagues, deja que el remedio actúe durante la noche. Si no encuentras manzanilla y hierbabuena frescas, puedes sustituirlas por bolsitas de té o infusión que venden en el supermercado.

¡Suerte, chicas!

Por: Luza Alvarado

Fuente: Entre Amigas - 17/02/2010

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