Anoche me quedé leyendo hasta tarde. A eso de las 12 me sorprendió el teléfono. Asustada por el horario de la llamada contesté alarmada y me llevé una gran sorpresa al descubrir que la que estaba del otro lado de la línea era mi amiga Agus.
- Perdón, ¿dormías?, fueron sus primeras palabras.
- No, ¿cómo estás?, ¡Tanto tiempo! -le contesté.
Nunca imaginé que Agustina me llamaría a mí para charlar y pedirme consejos.
Agus siempre fue la exitosa del grupo.
En la infancia, la mejor deportista. En la adolescencia la más linda, canchera y popular. En la adultez, gerenta de recursos humanos de una multinacional con apenas 28 años.
Casada con Juan desde los 25 siempre que uno la ve parece que no conoce siquiera la palabra “problema”.
Luego de las disculpas por el horario de la llamada y un breve cuestionario sobre mi presente pasó a comentarme su conflicto.
Agus entró en la empresa donde trabaja hace ya 8 años (a los 20 ). Pasó por todas las áreas hasta desembocar en la de recursos humanos. Hace un año la nombraron gerente de esa área y la buena nueva era que no sólo le duplicaron el sueldo sino que le propusieron el puesto de jefe regional en Chile.
Hasta ahí no encontraba conflicto aparente.
- No sé cómo decirle esto a Juan. Creo que para él va a ser difícil- me dijo.
- ¿Por qué?- pregunté yo.
- Le cuesta mucho aceptar que hoy sea yo la que trae el mayor ingreso a la casa.
Estudiamos la misma carrera y él aún no ha podido desarrollarse en esa área. Está bollando de empresa en empresa y no logra encontrar trabajo que lo conforme.
Le cuesta aceptar que gano más que él.
Últimamente ya no goza mis logros laborales como antes. Mis últimos ascensos lo llevaron a profundizar su depresión por no poder insertarse en el mercado.
Creo que se le hace difícil que yo triunfe en la profesión que ambos elegimos.
Además, acaba de estrenar empleo. Su sueldo es bajo pero pareciera estar bien encaminado. No creo que acepte dejar todo para acompañarme y seguirme a Chile.
- Pero la ida a Chile significa una gran oportunidad para vos, no podes perdértela-, le dije intentando persuadirla. ¿Cuántas mujeres conoces que dejaron todo para ir tras el sueño laboral de sus maridos? ¿No puede darse por una vez la situación inversa?
Corté el teléfono y me costó dormir.
Tanto luchamos por trabajar a la par de los hombres y una vez que lo hacemos y triunfamos despierta nuevos conflictos.
¿Creés que es ilógico que ellos se sientan mal cuando una es la que genera el mayor ingreso en el hogar?
Aunque cueste aceptarlo, las parejas ¿compiten laboralmente?
Por: Violeta Santamarina
Fuente: Entre amigas - 09/03/2010




