Estaba poniendo los fideos en agua cuando suena el timbre de casa.
Sorprendida por no haber estado esperando a nadie respondo y descubro que era Martina, mi prima.
Al abrir la puerta y ver su cara adiviné que necesitaba una oreja amiga e incondicional.
- Que suerte que te encuentro, necesito hablar urgente con alguien- fueron sus primeras palabras envuelta en mar de lagrimas.
Martina tiene 33 años, casada y con dos hijos.
Llevaban cuatro años de noviazgo con Miguel cuando se embarazó de su primer hijo y decidieron casarse. Desde allí hasta hace un año y medio se dedicó a armar su hogar, criar sus hijos y estar esplendida para su marido.
Hace 15 meses decidió reinsertarse en el mercado laboral.
Cabe aclarar que también se reinsertó al mercado social, ya qué, hasta ese entonces sólo frecuentaba a las maestras del jardín de infantes, al verdulero y de vez en cuando al carnicero.
Un estudio de abogados necesitaba una abogada sin demasiada experiencia para comenzar su carrera allí y a Martina le vino como anillo al dedo.
Comenzó a dividirse en mil pedazos para hacer de madre, de esposa, de abogada y lo logró.
El problema apareció cuando conoció a Lucio (36 años, abogado exitoso, soltero, buen mozo y muy, pero muy charlatán).
Lucio se planteó como objetivo anual el conquistar y llevarse a la cama a la bella Martina y demostrarle a ella y al mundo que todos podemos tropezar.
Hace meses que Martina venía contándome las decenas de manifestaciones de amor que Lucio le hacia a diario. Flores, desayunos sorpresa, CD, libros dedicados, notitas de amor.
Ella se resistía y auto convencía que su matrimonio estaba primero, que ella era un modelo para sus hijas y que nada ni nadie la iba a desviar de aquel juramento de amor eterno que un día realizó junto a su esposo frente al altar.
Reconocía que la rutina había achanchado su matrimonio. Que cada vez el sexo era mas espaciado y que su queridísimo Miguel había ya olvidado los gestos de romanticismo. Pero consideraba que era algo común y cotidiano.
Ayer llegó llorando a mi casa sintiéndose una basura y creyendo que por los poros destilaba traición.
Lucio había ganado la pulseada y había logrado finalmente acostarse con ella durante el horario del almuerzo.
- No puedo ir a mi casa y mirar a la cara a mi marido. No puedo mirar a los ojos a mis hijas, me comporté como una prostituta y lo peor de todo es que no me gustó. No se porqué lo hice.
Por mi parte, no se si hice bien o mal pero yo le minimice el echo.
Le dije que lo dejara pasar, que lo positivo era que no le había gustado por lo tanto no lo iba a repetir.
¿No?
Infiel… que palabra dura y rígida. Infiel es aquel que lo hace a diario y con premeditación.
Vos, más que nadie, como abogada sabes que lo grave es la premeditación y la reiteración. Si fue una vez y nunca mas, ya esta. Borrón y cuenta nueva. Acá no paso nada. Seguí con tu vida, con tu matrimonio y no le des más importancia que la de un desliz de un mediodía agitado.
Martina, partió rumbo a su casa, un poco mas tranquila. Pero yo quede pensando, ¿será esta la única vez? ¿Una vez que uno engaña abre la puerta a múltiples engaños?
¿Podrá Martina seguir con su vida “como si nada” o este será el inicio del fin de su matrimonio?
¿Se vuelve de una infidelidad guardando silencio y no mostrando a la pareja que se lo engañó?
Por: Violeta Santamarina
Fuente: Entre amigas - 26/12/2009




