Hace siglos que las mujeres hacemos lo imposible por lucir el busto de la mejor manera posible. Ya en la Isla de Creta, cuatro mil quinientos años atrás, usábamos una prenda de vestir que levantaba los senos para llevarlos desnudos y altivos fuera de la ropa. Es que el soutien, sujetador o brassiere, como queramos llamarlo, nos ha acompañado en nuestras distintas transformaciones, convirtiéndose en un básico de la moda al que le somos sumamente fieles. Sirvió para achatarnos la femineidad en la década del ´20; para realzarla al estilo de las divas de Hollywood en los ´50; y para liberarnos finalmente en los ´60.
Hoy hay uno para cada necesidad. Los hay con y sin aro, reductores y con siliconas, de breteles móviles y strapless… Ya hemos aprendido a fuerza de prueba y error que podemos tener el mejor vestido, del diseñador más reconocido del mundo, pero si no tenemos un corpiño que nos calce bien, todo habrá sido inútil: estaremos mal vestidas.
Por eso, saber cómo elegir un buen corpiño resulta clave. En el libro “Secretos del vestidor”, la diseñadora de moda Carolina Aubele da algunos trucos para tener en cuenta que me permití recrear:
- A la hora de comprarlos hay que tomarse un buen tiempo para probarlos y elegirlos. Lo ideal es llevar puesta una remera o top ceñidos, así podemos notar mejor cómo nos queda.
- Es bueno saber que el volumen del busto se modifica a lo largo del mes de acuerdo al comportamiento hormonal. Si nos tentamos con uno que nos va justo y lo llevamos porque nos hace lucir mejor el escote, también deberemos comprarnos otro más flojo que nos sirva para cuando no queramos estar comprimidas.
- Tenemos que tener en cuenta que la taza sea acorde a nuestros senos y que no nos apriete el contorno, porque nos marcará en la espalda. Cuando hayamos dado con el ideal, conviene adquirirlo en los tonos básicos: blanco, natural y coco.
- No siempre los corpiños más sexys son los que usaremos todos los días. Es mejor comprar ropa interior de algodón para el día a día y tener algún conjunto de encaje para ocasiones especiales en las que queremos realzar nuestro erotismo (y ahí sí vestirnos de “etiqueta sexual” con portaligas y corsés ¿Por qué no?).
- Si damos con un corpiño que calza bien pero separa mucho el busto, podemos hacerle una costura a mano, reduciendo la pieza que separa las dos tazas del corpiño.
Como verán, sobran motivos para dedicarle unas líneas al corpiño. Además de ser la prenda que llevamos más cerca del corazón, es todo un símbolo de nuestro paso de la infancia al despertar como mujeres.
¿Quién no lo eligió con esmero para su debut sexual…? Incluso hasta nos puede trascender. ¿Se los imaginan en manos de los antropólogos del futuro? ¿Qué dirán de nosotras? ¿Hablarán de que hubo un tiempo en que las mujeres usaban siliconas, tenían cáncer de mamas y amamantaban a sus hijos? ¿Dirán que éramos más libres o que vivíamos esclavizadas por las apariencias?
Y vos, ¿qué buscás en un corpiño? ¿Qué tiene que tener para que lo consideres tu favorito?
Por: Adriana Balaguer
Fuente: Desesperadas




