Algo cambió. Durante los desfiles de las colecciones primavera-verano presentadas a comienzos de marzo en la Semana de la Moda, en París, se respiró una nueva explosión de energía. Es lo que estaba necesitando la industria de la moda con la mayoría de las marcas de lujo viviendo su peor crisis de identidad, otras a punto de quebrar en medio de una vapuleada economía de mercado y no pocas sin rumbo tras haber perdido –porque murieron o se retiraron– a sus fundadores. Era renovarse o morir. Los dueños de las grandes firmas entendieron la consigna y apostaron las fichas a nuevos talentos, la mayoría surgida de los nuevos semilleros académicos y otros, discípulos reclutados por los grandes maestros de la moda. Su misión fue buscar la manera de relanzar cada marca innovándola sin que perdiera su identidad. Así le dieron nuevo impulso, un aire fresco a una industria que venía naufragando y volvieron a hacer de la alta moda, un negocio rentable. Considerados héroes, hoy ya alcanzaron la fama necesaria. Estos son, acá están…
CHRISTOPHER BAILEY, BURBERRY: el golden boy. En julio de 2005, Christopher Bailey (39), el exitoso director creativo de Burberry, vivía su peor momento personal: su pareja, Geert Cloet, moría de un tumor cerebral. Pero también pasaba por sus días más gloriosos como director creativo de Burberry: había logrado convertir a la tradicional marca de lujo en una de las firmas más modernas y rentables del año. Todo un fenómeno de moda. Bailey ingresó en la firma inglesa en 2001. Nacido en Londres en 1971, estudió en el Royal College of Art graduándose con un master en moda en 1994. Un día, Donna Karan visitó la universidad y al ver sus diseños le propuso trabajar con ella en Nueva York. Fue parte de su equipo desde 1994 a 1996; después lo llamó por teléfono Tom Ford: lo quería como diseñador senior de la colección mujer de Gucci y terminó trabajando con él seis años. A los 29 años, abandonó su cargo en Gucci sin un destino fijo. “Estaba llegando a los 30 y necesitaba ver más cosas, no quería aferrarme tanto a una idea estética”, cuenta este diseñador británico que ya a los 12 años repartía diarios y a los 15 trabajaba en un supermercado. Dos meses después de renunciar a Gucci, lo llamaron de Burberry para reemplazar a Roberto Menichetti. Como responsable del diseño de todas las colecciones y productos, así como de sus campañas publicitarias, la imagen de marca y el diseño de sus locales y oficinas, consiguió modernizar las gabardinas y el famoso estampado a cuadros, el ADN de la marca. Fue galardonado con el Honorary Fellowship en 2003, y dos veces premiado como el diseñador de ropa masculina del año por el British Fashion Awards (en 2007 y 2008). El éxito de su trabajo también fue reconocido en la casa Burberry: desde el año pasado ocupa el puesto de ejecutivo creativo de la firma.
ALBER ELBAZ, LANVIN: el príncipe marroquí. “La bella durmiente”. Así llamaban hasta hace poco tiempo a la casa Lanvin porque nadie había logrado devolverle el glamour que le había impreso su fundadora, Jeanne Lanvin, desde que comenzó a vender sombreros en 1889. Pero un día llegó un príncipe que logró despertar a la marca de su letargo. Su nombre: Alber Elbaz (48), un marroquí nacido en Casablanca. En octubre de 2001 se hizo cargo de la dirección creativa de la marca famosa por sus “robes de Style” y esa tonalidad tan particular llamada “azul Lanvin”. Este diseñador de familia judía había estudiado diseño en el Shenkar College opf Engineering and Design en Ramat Gan, ciudad próxima a Tel Aviv. Luego se trasladó a Estados Unidos, donde durante siete años trabajó para Geoffrey Beene. En 1997, lo convocaron de Guy Laroche, y un año después entró en Yves Saint Laurent, donde trabajó hasta ser destituido por Tom Ford. Luego, diseñó para Krizia, en Italia, hasta que el magnate taiwanés Shaw-Lan Wang, dueño de la casa Lanvin, lo convocó para relanzar la firma. Elbaz, que está en pareja con Alex Koo, director de marketing de Lanvin, logró posicionar en el mapa de la moda una firma histórica que languidecía llevando a la pasarela vestidos rectos, asimétricos, plisados y con forma de túnica.
Su sello es lo femenino, lo delicado y elegante. El lujo en su versión más sencilla. Sin embargo, él intenta preservar el perfil bajo. “Siempre he huido de los divismos. No me gustan. Me siento hasta raro cuando me llaman señor Elbaz en vez de Alber”, dice y, quizás, sea ésta la razón de su éxito. Hace quince días se corrió el rumor que Elbaz pasaría a ser fichado para Chanel. Sin embargo, habrá que esperar: la casa francesa lo desmintió con un comunicado.“Karl Lagerfeld es el director creativo de Chanel y tiene un largo contrato por delante. Su sucesión no está en la agenda”, dijo.
TOMAS MAIER, BOTTEGA VENETA: el señor de los bolsos .“Milán no es mi lugar preferido”, sentencia Tomas Maier (53), el director creativo de Bottega Veneta desde 2001. Por eso viaja diez veces en el año a la ciudad italiana de la moda; allí se aloja en un hotel cinco estrellas, desde donde diseña. Al finalizar cada colección, se toma un jet privado y se refugia en su casa de Palm Beach, Florida, donde vive con sus dos chihuahuas y Andrew Preston, su pareja desde hace 20 años y CEO de la exitosa marca homónima de Maier (que creó en 1997). Cuando llegó a Bottega Veneta, la firma “de los bolsos” (aunque también tienen colecciones para mujer, hombre, diseño de livings y joyería) estaba en rojo. En poco tiempo, pudo levantarla y en 2007 sumó 130 millones de dólares en ganancias.
Así Maier convirtió a los accesorios de Bottega Veneta en objetos de culto uniendo el lujo más sofisticado al espíritu artesano. Nacido en la ciudad de Pforzheim, en Alemania, en 1957, este diseñador heredó de su padre –de profesión arquitecto–, el amor por la precisión y el orden. Trabajó nueve años para la colección mujer de Hermès, donde asegura que aprendió “lo que era la pasión y la paciencia”, y también para Sonia Rykiel. Maier que se formó en la Chambre Syndicale de la Haute Couture de París dejó como legado el bolso trenzado de piel y cuero con aspecto de rafia (llamada cabat). Además, les añadió un pequeño cierre en forma de nudo. Maier va detrás del lujo sin estridencia: “El nuestro es un producto un poco alejado de lo que hacen otras marcas de lujo. Artesanal, sin ningún logotipo. Un producto de lujo no tiene por qué ser una exhibición de dinero”, dice.
FRANCISCO COSTA: el sucesor de Calvin Klein. En 2003, cuando Francisco Costa fue nombrado como director creativo de Calvin Klein fueron pocos los que le auguraban un buen futuro. Costa (43) era brasileño, un origen que los críticos y la prensa fashion consideraban poco propicio a la hora de interpretar a la marca más representativa del american style. Siete años después, sin embargo, la historia es otra. Hoy, a Costa, lo catalogan como el hombre que hizo resurgir al calvin-kleinismo. “Estar en la cima todos los días es muy sacrificado”, reconoce este perseverante carioca. Nacido en los ’60, en Guaraní, Brasil, donde su familia tenía una marca de ropa infantil, desembarcó a los 20 años en los Estados Unidos.
Tras egresar del Fashion Institute of Technology, de NY, se fue a Milán, Italia, donde estuvo dos años perfeccionándose gracias a una beca. Después de trabajar como asistente de Bill Blass pasó a formar parte del equipo de Oscar de la Renta. Por su eficiencia terminó siendo, por siete años, mano derecha del diseñador dominicano. En los ’90 lo convocó Gucci que, por ese momento, estaba bajo las órdenes de Tom Ford. En 2001, lo llamaron de Calvin Klein. Cuando CK vendió su marca a la multinacional Phillips-Van Heusen fue elegido para reemplazar al mítico diseñador y dirigir la colección femenina. Con Costa, la marca se aseguró la continuidad de su tradición minimalista. Sin embargo, él se animó a ir un paso más allá de su maestro, agregando brillo y algo sensualidad sudamericana. Además, Costa tiene en su haber dos premios como mejor diseñador del año, galardón que la CFDA le dio en 2006 y 2008. En el marco de la expansión que CK tendrá nivel mundial en los próximos años, el futuro de Francisco Costa se perfila como brillante.
PETER COPPING, NINA RICCI: la revolución femenina. Lazos, encajes, vuelos y flores. Todo muy femenino, suave y delicado. Nada estridente. Las dos colecciones de Peter Copping (42) –debu- tó con la colección primavera-verano 2010 para Nina Ricci– mostraron el estilo que el diseñador inglés quiere imponer desde su lugar como director creativo de la maison francesa. Cuando el diseñador belga Olivier Theyskens abandonó Nina Ricci, en marzo de 2009, siguiendo los rumores que en octubre no le renovarían el contrato, el grupo español Puig, dueño de la firma, convocó a Copping. La marca venía arrastrando una crisis de identidad, –sólo L´Air du Temps, el perfume de Nina Ricci más famoso, permaneció en el top 20 del ranking francés– y este diseñador, que durante doce años fue uno de los colaboradores más estrechos de Marc Jacobs para Louis Vuitton, tenía la misión de rescatarla. Y lo logró: sus dos colecciones le devolvieron a la firma su identidad. Nacido en Oxford y criado en la campiña inglesa, Copping estudió en el Saint Martin´s School y el Royal College of Art, y trabajó con Christian Lacroix antes de colaborar con Marc Jacobs en Louis Vuitton, y tres años después con Sonia Rykiel. “La aspiración de la firma es resaltar el atractivo de cada mujer respetando su personalidad”, así define Copping el estilo de esta maison francesa que supo revalorizar.
STEFANO PILATI, YSL: el cerebro italiano. “Es italiano hasta la punta de los pies, alegre por cortesía, inquieto y lleno de dudas que nacen de su rigor profesional. Un creativo por esencia”. Eso dijo Catherine Deneuve de Stefano Pilati, director creativo de la firma francesa desde 2004. Y Catherine Deneuve, musa eterna del modisto argelino, es palabra mayor en lo que se refiere al mundo YSL. Tanto ella como la comunidad fashion toda definen a Pilati como el diseñador más provocativo y complejo del siglo XXI. Y el perfecto sucesor de la maison YSL. Nacido en Milán, en los ’60 –tras haber trabajado en una empresa textil– se incorporó a Nino Cerruti. Más tarde, colaboró con Giorgio Armani. En 1995, con 31 años, trabajó en Prada, en la línea Miu-Miu. En 2000, Tom Ford lo tentó a cambiar Italia por París y sumarse al equipo de YSL (propiedad de Gucci, una marca que es manejada por el holding PPR). Cuando Tom Ford se fue, el puesto fue para él. Su misión: la difícil tarea de reestablecer la herencia sofisticada de YSL. “¡El hizo todo! Vas a los archivos y no hay nada que él no haya hecho antes. Eso fue intimidante”. Al principio, sus creaciones no daban en el clavo, pero pronto repuntó.
En 2005, diseñó la cartera Muse, un best seller, que pronto fue seguido por la exitosa Muse Two. En 2008, hizo unas botas que, pronto, se volvieron ‘objeto de deseo’. Lanzó, además Edition 24, una línea de ropa crucero con precios más accesibles. La colección de 2010 fue la que lo elevó a diseñador de culto. Pilati adaptó las piezas más relevantes de YSL –la pollera tubo, las blusas sin mangas, las camperas cortas de cuero y el smoking– y los adaptó al uso cotidiano sin perder el charme de la casa. Pilati, vive solo, cerca de su oficina, con su perro, un boxer albino llamado Bepi. Visionario, en estos últimos años, además, apostó a los perfumes y cosméticos: muchos de ellos, como el mítico Opium, fueron relanzados para reposicionarlos en el mercado global. Además, impulsó los accesorios, imprimiéndoles un diseño más aggiornado: a la fabricación de zapatos, bolsos, carteras y anteojos, entre otros ítems. Finalmente, fue el artífice de que la mítica boutique de YSL en pleno París volviera a vivir y que la marca haya vuelto a ser el gran ‘tesoro nacional francés’.
MARCO ZANINI, ROCHAS: el hombre que marcó la diferencia. Todo un reto. Posicionar la casa que fundó Marcel Rochas en 1931, la maison francesa –hoy propiedad de la empresa Gibo– que estuvo cerrada desde 2006 hasta 2008. Con esa misión llegó en julio de ese año, Marco Zanini (40) a la casa Rochas. Quien fuera ex director creativo de Halston y colaborador de Donatella Versace durante nueve años, se propuso diferenciarse de su antecesor en la casa Rochas, Olivier Theyskens, y parece haberlo logrado al debutar con su colección para la temporada otoño-invierno 2009/10 presentaba en París en marzo de 2009. El diseñador italiano recuperó para esta colección el espíritu hedonista y femenino que se vivía en Londres a fines de los sesenta con un variado colorido, un toque de dorado y hasta animal print. Muchos diseños con silueta trapecio y abrigos con cuello caja que le dan un look retro.
Nacido en 1971, hijo de una sueca y de un italiano, Zanini creció en Milán y rápidamente desarrolló un interés por la moda, el diseño y el arte. Se graduó en la Academia de las Bellas Artes de Milán, en 1995, y dio sus primeros pasos en la moda como asistente del diseñador americano Lawrence Steele para después pasar a colaborar con Dolce & Gabbana. Luego, durante nueve años, fue la mano derecha de Donatella Versace para la colección femenina y la línea de alta costura. Y finalmente, cuando Harvey Winstein decidió volver a lanzar la marca, Halston, Zanini se mudó a Nueva York para ser su director artístico. Actualmente, los responsables de Gibo ya han adelantado que no pretenden que Rochas se convierta en una firma de gama alta e inaccesible para la mayoría, sino que el objetivo es, mantener el status de lujo de la marca, pero con diseños modernos y urbanos. Y Zanini parece haberlo logrado.
PHOEBE PHILO, CELINE: la chica minimalista. “¿Adónde pensás que vas vestida así?¡Estás loca!”, la increpó el marido una mañana cuando Phoebe Philo (36) salía de su casa. Llevaba un jean azul pálido, una camisa gris y un cashmere en camel. A su marido le pareció que estaba disfrazada, sin embargo, ella presentó este look en la primera colección (pre-verano 2009) que creó para Céline y resultó ser todo un éxito. Philo nació en París, pero a los dos años, su familia se mudó a Inglaterra. Creció en Harrow, una ciudad en las afueras de Londres. Siendo chica comenzó a diseñar su propia ropa con la máquina de coser de su mamá, después estudió diseño de moda en el Central Saint Martins College en Londres. Allí se hizo amiga de Stella McCartney. Cuando a la hija del ex Beatle la convocaron para que fuera la directora creativa de Chloé, le preguntó a su amiga si la acompañaba en la nueva aventura. Y en 2001, cuando McCartney decidió independizarse, Philo ocupó el cargo que dejaba vacante.
Un año después, la diseñadora se casó con Max Wigram, un artista londinense. De 2001 a 2006, Philo consiguió en Chloé que la ropa romántica no cayera en lo cursi, que volvieran los pantalones anchos de pata y altos de cintura que habían estado condenados desde finales de los años setenta y vendió grandes bolsos con candados y zapatos de tacón gordo. Ella se la pasaba viajando: durante la semana estaba en París y los sábados y domingos, en Londres. Pero al nacer su primera hija, Maya, que ahora tiene 5 años, no pudo continuar con ese ritmo y decidió dejar Chloé. Estuvo tres años apartada del circuito fashion, dedicándose a su familia. En ese tiempo nació su hijo Marlowe. Bernhard Arnault, dueño de LVMH, que estaba impresionado con el trabajo en Chloé, la llamó para reemplazar a la croata Ivana Omazic que desde 2005 se encargaba de la marca. Philo aceptó, pero bajo ciertas condiciones: seguir viviendo en Londres con su familia y viajar sólo dos días en el mes a París –con alojamiento en el Ritz–. Hoy, Céline se está convirtiendo en una de las grandes marcas de LVMH. Philo, con sus tonos camel, su minimalismo ultramoderno y sus camisas blancas, le dio un nuevo giro a las colecciones de la marca. ¿Su fórmula? “Si comenzás poco a poco y reducís todo hasta un punto que sea comprensible, entonces podés comenzar a crecer”, asegura la diseñadora.
FRIDA GIANNINI, GUCCI: la nueva Tom Ford de la firma italiana. No hay duda, esta mujer –que nació en 1972– lleva la pasión por el diseño y la moda en la sangre. Su abuela materna tenía una gran tienda de ropa en Roma y ya desde pequeña se divertía dibujando vestidos y zapatos. Sus padres –Antonio Giannini, arquitecto y Sandra Vellani, profesora de Historia del Arte– enseguida alentaron esta habilidad y festejaron el día que su única hija se anotó en Diseño en la Academia de Moda de Roma. La joven diseñadora mostró rápidamente que tenía condiciones y Fendi fue la primera marca en notarlo. Gracias a Giannini, el bolso baguette de la firma se convirtió en un verdadero ícono de la marca. Semejante hallazgo hizo que el diseñador top de Gucci le prestara atención y le ofreciera unirse a la firma. La carrera de Frida en Gucci comenzó en 2002 y, hasta hoy, parece no tener techo. Primero se inició con los accesorios de la marca y luego fue ocupando los espacios que dejaban vacantes personajes como John Ray, Alessandra Facchinetti y el mismísimo Tom Ford. Su primera colección femenina fue en la primavera-verano de 2006 y para esa temporada también habría incidido en las prendas masculinas de la firma. Por estos días el talento de Frida no pasa inadvertido (en 2009 recibió el premio Designer Internacional of the Year, que entrega grupo japonés Fashion Editor’s Club). Todos destacan su capacidad por detectar tendencias, de innovar y de crear estilos en productos de lujo. Su reputación creció tanto que muchos ya la consideran “la nueva Tom Ford de Gucci”.
NICOLAS GHESQUIÈRE, BALENCIAGA: el francés de la revolución. Para ser considerado por la revista Time como una de las personas más influyentes del mundo o el ‘diseñador más importante de su generación’ por The New York Times, algún aporte al intrincado mundo de la moda debe haber hecho Nicolas Ghesquière. Hijo de un profesor de natación, nació en 1971, en Lille, Francia, y trabajó con Agnès B y Corinne Cobson; a los 19 fue ayudante de Jean Paul Gaultier y, más tarde, de Thierry Mugler. En 1995 entró a Balenciaga y, dos años después, a los 25 años, asumió como director creativo. Para el Grupo Gucci, propietario de la gran marca que creara el gran Cristóbal Balenciaga, la elección ha sido inmejorable: Ghesquière, un fanático de los deportes, ha sabido reflotar la empresa con una creatividad sin límite.
Al igual que Balenciaga, es un apasionado por los diseños casi arquitectónicos, los cortes y los tejidos pesados. Sus creaciones llevan una fuerte impronta vanguardista, un sello que –definitivamente– lo identifica. Los materiales high tech y diseños futuristas son sus preferidos. Uno de sus primeros éxitos fueron los pantalones súper estrechos. Desde hace años, su bolso Mortorcycle hace furor en cualquiera de sus versiones. Luego, vinieron las sandalias Gladiador. Además, ya lanzó Balenciaga Paris, la primera fragancia de su reinado. La esencia, cuya musa inspiradora fue la actriz y cantante Charlotte Gainsbourg, es –por otra parte– un hito en su intento por democratizar la marca, a la que él mismo considera “cara y exclusiva”. Dice: “Si una mujer reconoce el estilo Balenciaga pero no puede permitírselo, y se identifica con el perfume, ya habré conseguido algo interesante”.
RICCARDO TISCI, GIVENCHY: un simple desconocido. Después del paso de John Galliano, Alexander McQueen, Julien Macdonald por la casa Givenchy, él –un “simple desconocido”– llegó a ocupar el puesto que habían dejado vacante estos grandes diseñadores. Su nombre era Ricardo Tisci y nadie apostaba nada por él. Sin embargo, aunque su nombre aún no había trascendido, hacía rato que Tisci venía haciendo carrera en el mundo de la moda. Nacido en Milán en 1974, comenzó sus estudios en el Instituto d´Arte di Cantù de la ciudad italiana de Como. Luego, de graduarse en la Saint Martin´s de Londres, en 1999, presentó sus primeras colecciones para la boutique italiana Kokon To Zaï, para Missoni y Antonio Berardi.
Durante algunos años trabajó para Piero Gazzarrini, la firma alemana de ropa deportiva Puma, y también fue director artístico de Coccapani. En 2003 colaboró como diseñador para Ruffo Research y dos años más tarde, Marco Gobbetti, presidente de Givenchy, lo nombró responsable de la dirección creativa de las colecciones para mujer de alta costura, prêt a porter y accesorios. Con él, los diseños minimalistas, las siluetas contorneadas y la dupla blanco-negro volvieron a ser parte del código Givenchy. En el mundo de la moda, es conocida su relación de amistad con la modelo Mariacarla Boscono, a quien conoció en una fiesta y a partir de ese momento se convirtió en la musa inspiradora de sus creaciones. Por si fuera poco, Madonna lo eligió como diseñador fetiche para el vestuario de su gira Sticky & Sweet World Tour. Hoy, el diseñador italiano –que revolucionó tanto las líneas femenina como masculina de la marca– es el culpable que Givenchy haya vuelto a cosechar los éxitos del pasado.
CHRISTOPHE DECARNIN, BALMAIN: viva el rock and roll. Con líneas rockeras, toques ochentosos y una estética militar este diseñador francés de 46 años consiguió que la tradicional firma Balmain rejuveneciera exitosamente logrando duplicar sus ventas. Creada por Pierre Balmian, en 1945, y dirigida por él hasta su muerte en 1982, la firma es sinónimo de elegancia y buen gusto. Su fundador fue por años el favorito de estrellas de la talla de Ava Gardner, Brigitte Bardot y Katharine Hepburn, entre muchas otras. Hoy, Balmain, está en manos de Decarnin, quien después de siete años de trabajar para Paco Rabanne y tras haber sido consultor de la marca de lujo Apostrophe, se dejó tentar por el saliente diseñador Oscar de la Renta para hacerse cargo de la firma francesa. Sin prejuicios, se animó a imprimir su propio estilo apostando a diseños sexies con hombros marcados, destellos de paillettes, minivestidos tejidos y metalizados y pantalones chupín. Y no le fue nada mal, cada una de sus colecciones son esperadas con especial interés por la prensa especializada y hasta el momento no ha defraudado a nadie.
CEDRIC CHARLIER, CACHAREL: detrás de la identidad. Es la incorporación más reciente. En abril del año pasado, cuando el dúo Eley Kishimoto –empresa inglesa de diseño conformada por Mark Eley y Wakako Kishimoto– decidió salir de forma precipitada de Cacharel, la marca convocó a Cédric Charlier (31), un diseñador de origen belga que fue asistente de Alber Elbaz en Lanvin durante seis años. Galardonado con el primer premio del Moët Hennessy Fashion Awards, el diseñador francés tuvo una prolífica carrera desde sus ini cios. Fue acogido por Céline, Michael Kors y Jean Paul Knott. Sus últimos 6 años han transcurrido en Lanvin, bajo la tutela de Alber Elbaz. La llegada de Charlier a Cacharel se suma a la restructuración de la compañía y al reciente nombramiento de Marc Ramanantsoa como director ejecutivo. En los últimos dos años, el estilo Cacharel ha sido errante y difícil de identificar: con la renuncia de Clements y Ribeiro, el efímero paso de Estrella Archs y finalmente la de la pareja Eley Kishimoto, la marca perdió puntos. De ahí que la colección debut de Charlier, presentada en octubre, fue dada en llamar “Identifying” (identificar). La casa francesa se destaco por sus “vestidos tan ligeros como el papel” inspirados por un deseo de ligereza y espontaneidad, y los estampados inspirados en el arte, diseñados en colaboración con el pintor colombiano Alberto Vejarano. Sin duda, una colección que logró que Cacharel encontrará de nuevo su rumbo.
RAF SIMONS, JIL SANDER: el belga “perfeccionista”. Lo primero que hizo Raf Simons (42) antes de ponerse a crear su colección debut para Jil Sander fue encomendarles a los sastres que se encargaban de hacer los trajes pantalón que hicieran vestidos; y a los que cortaban vestidos, les pidió que se pusieran a armar trajes pantalones. Así, logró una serie de vestidos que se ajustaban como un guante, con escotes asimétricos que se enroscaban al cuello. Simons, que es director creativo de la firma desde el 1° de julio de 2005 y debutó con esta línea de vestidos en la colección pre-verano 2006, mantuvo la austeridad que tanto caracteriza a Jil Sander sin dejar de innovar, y además, impuso su propio estilo. Además, representa la mejor opción para vestir a la mujer ejecutiva. Pero el trabajo de este diseñador belga nacido en un pueblo llamado Neerpelt, no se agota en la colección femenina, sino que también comprende la masculina, la de los accesorios y los zapatos. En sus comienzos Simons estudió diseño industrial y de muebles en el Antwerp Royal Academy (se graduó en 1991). Hijo de un militar y una ama de casa, asegura que sus padres nunca lo desanimaron a continuar con la moda. Entonces tomó la iniciativa de ir a tocarle la puerta a Walter Van Beirendonck, otro conocido diseñador belga que está instalado en Antwerp, la ciudad donde Simons estaba estudiando. “Yo no sabía nada de moda, pero él se entusiasmó con mi carrera de diseño industrial porque tenía que crear unos objetos para presentar su colección en París”, relata Simons.
Cuando acompañó al diseñador a presentar su show, el primer desfile que vio –el de Martin Margiela– lo deslumbró. “Fue impresionante. En ese desfile, la mitad de la gente lloraba, incluido yo. Y ahí me dije: “Uauh, esto es moda”, comenta. Poco después, se animó a diseñar una colección para hombres. Así en 1995 lanzó su propia marca homónima. En 1999, creó para Ruffo Research (las colecciones primavera-verano 1999 y otoño-invierno 1999-2000). Su marca ganó el primer premio Swiss Textiles Award en noviembre de 2003, y en junio de 2005 lanzó su nueva línea Raf by Raf Simons, un mes antes de ser convocado para ser director creativo de Jil Sander. Simons actualmente vive y trabaja en Amberes, Bélgica donde trabaja para la firma inglesa, para su propia marca y para Fred Perry. Cuando él fichó para la casa Jil Sander, su fundadora ya se había retirado (en el año 2004) por desaveniencias con Patrizio Bertelli, CEO de Prada –esta empresa había comprado a Jil Sander en 1999 y actualmente pertenece a la japonesa Onward–. “Conocí a Jil hace poco, por casualidad, y tuvimos una breve charla. Fue muy lindo. Ella hizo mucho por esta marca. Gracias a ella yo puedo hacer las cosas que estoy haciendo ahora”, señala Simons.
Fuente: Para Ti




