Alguien nos metió en la cabeza que hay buenas y malas chicas. Y que, en algún momento de la vida, tendremos que elegir de qué lado estar. Si somos buenas, nos casaremos, tendremos hijos, seremos excelentes amas de casa y exitosas profesionales. Pero si, en cambio, elegimos una vida más “liviana”, afectiva y laboralmente, seremos un mal ejemplo y nuestra vida será un fracaso.
¿Quién dijo que hay que descartar alguna de estas posibilidades? ¿Quién quiere vivir dividida? ¡Podemos ser buenas madres con portaligas! El gran desafío hoy pasa por integrar a ambas mujeres. Para eso deberemos, sin duda, liberarnos de prejuicios y animarnos a cambiar lo que traba la convivencia entre la “mala” y la “buena” chica que llevamos dentro. Deberemos aprender a seducir y a no sentir culpa por generar sensaciones en los demás. Sean nuestros hijos, amigos o vecinos. La seducción debe traspasar el tema de pareja.
Aquí van algunas propuestas muy concretas que, según escribió la escritora Pilar Sordo en “Lecciones de seducción”, nos ayudarán a aprender a seducir:
- La autoaceptación: Hay animarse a pararse desnuda frente al espejo. Descubrir qué nos gusta y qué no del cuerpo real, del que tenemos, no del que tuvimos. Lo ideal es que este proceso sea acompañado con buen humor. ¡Qué mejor que reírse de uno mismo! ¿Sabían que hay estudios que aseguran que nada seduce más a un hombre que una mujer contenta?
- El autocuidado: La ropa interior o la depilación también hablan de nosotras. No importa que no tengamos con quién lucirla: si no nos sentimos en “paños menores” al vernos frente al espejo, seguramente se nos notará en la cara. Solo se trata de seducirnos a nosotras mismas si es que queremos llegar a seducir a otro.
- Revisar el placard: El vestuario es un indicador emocional increíble. Conviene fijarse qué dice de nosotras nuestra ropa. Los colores, los talles…
- Atreverse a jugar: Ensayar un mensaje de texto subido de tono. Imaginar qué tanguita seductora le esconderías en el bolsillo del saco que él lleva a la oficina. Buscar un lugar dónde te gustaría llevarlo a cenar, a bailar o a pasar la noche. Si la primera parte es divertirte planificándolo, la segunda será hacerlo. La idea es jugar, innovar, y crear desde ahí un punto seductor en uno y en el otro.
- Si exiges o cumples, no seduces: Si se es una mujer sumisa que acepta todo del otro, que jamás reprocha o tiene voz propia, no se seduce. Si en cambio, se es una mujer segura de sí misma pero que exige el control y mando de lo que ella busca, sin escuchar al otro, tampoco seduce. En el equilibrio está el éxito. ¿Cómo encontrarlo? Escuchando esa voz interior que sabe qué nos hace bien y con quién vale la pena experimentarlo.
¿Qué otra lección de seducción has aprendido y te ha dado efecto?
Por: Adriana Balaguer
Fuente: Desesperadas




